Mientras la prensa comienza a perder las reticencias a tratar el delicado asunto de las hijas del presidente, George W. Bush, denunciadas por consumir bebidas alcohólicas, la familia dedicará el fin de semana en Camp David para intentar zanjar el problema.
La situación, que puso también en aprietos a los agentes del Servicio Secreto encargados de proteger a las dos jóvenes, está cobrando más relevancia, a pesar de que Jenna y Barbara Bush no han hecho nada diferente que millones de jóvenes de todo el país.
George y Laura Bush pasarán el fin de semana en el retiro de Camp David con sus hijas, según fuentes de la Casa Blanca, que aseguraron que la visita estaba prevista antes del incidente de esta semana.
Las dos jóvenes, de 19 años, fueron acusadas formalmente por la policía de Austin (capital de Texas) por tratar de consumir alcohol en un restaurante: Jenna usó una tarjeta de identificación de otra persona y Barbara no enseñó ninguna.
El asunto no hubiera ido a más si no fuera porque, solo hace cinco semanas, Jenna fue sorprendida con una cerveza en un bar de Austin, lo que le valió una multa.
Cuando era gobernador de Texas, George W. Bush firmó una ley por la que un menor que viola las normas sobre alcohol en tres ocasiones puede ser condenado hasta seis meses de prisión y $2.000 de multa.
Problema de familia
Para George W. Bush el asunto no deja de ser extremadamente delicado, ya que hasta los 40 años él bebía en exceso.
Justamente cuando cumplió los 40 decidió no volver a beber y desde entonces es un celoso abstemio.
Laura Bush fue un apoyo enorme para su marido en los tiempos en los que él bebía y ahora el matrimonio está obligado a tratar el asunto con sus dos hijas gemelas.
Para la prensa también el asunto es complicado de tratar porque hay una tradición de respetar la vida privada de la familia de los presidentes.
La Casa Blanca fue especialmente celosa del asunto durante el mandato de Bill Clinton, quien junto a su esposa Hillary luchó intensamente por dejar a su hija Chelsea al margen del fragor político y mediático de Washington.
Las gemelas Bush se han beneficiado hasta ahora de esta tradición, pero la repetición de incidentes relacionados con el alcohol puso a la prensa en el atolladero de tener que empezar a cambiar su forma de pensar.
Para ello, los medios han tenido que superar sus reticencias propias y los avisos de la Casa Blanca, desde donde se ha lanzado el mensaje de que se trata de "un asunto privado de la familia".
Un productor de informativos de CBS explicó que su cadena prestará más atención al asunto "si se convierte en un caso penal serio", pero que, por ahora, las gemelas Bush "merecen tener algo de vida privada antes de que esto vaya más lejos".
Los principales medios estadounidenses están bajo el fuego de muchos de sus lectores y espectadores, que les acusan de ser demasiado "blandos" con el gobierno de Bush, pero también quieren evitar los excesos sensacionalistas de la época de Clinton.
Por ello, la prensa está comenzando a publicar, lentamente, más material, a pesar de que el portavoz de la Casa Blanca, Ari Fleischer, avisó a los reporteros que deben pensarlo "muy cuidadosamente si quieren ir más allá".