
La estación madrileña de Atocha, que el jueves sufrió siete explosiones, fue desalojada ayer durante casi 30 minutos después de que se recibiera un aviso de bomba que finalmente resultó ser falso.
Tras recibir la amenaza, coches de policía y de otros cuerpos de seguridad rodearon las instalaciones de la estación, uno de los principales nudos ferroviarios de España, que había comenzado a funcionar ayer casi con normalidad.
El aviso obligó también a desviar el tráfico en las zonas aledañas a la estación, ubicada en el corazón de Madrid y donde tienen su base de operaciones líneas de cercanías, largo recorrido y el tren de alta velocidad español, conocido como AVE.
El desalojo se produjo a las 11 a. m. (5 a. m. de Costa Rica), nada más comenzar una concentración silenciosa en las inmediaciones de esa estación que, como en el resto de España, fue convocada para repudiar los atentados del jueves.
Temor generalizado
Numerosos ciudadanos que habían permanecido en el vestíbulo interior de la estación concentrados con velas salieron corriendo, al tiempo que agentes de la Policía pedían a todos que se alejaran de la zona.
Ambulancias de los servicios de emergencia sanitarios también acudieron al lugar, donde se registraron escenas de llanto y de miedo.
En el momento de producirse el desalojo, el presidente de la compañía estatal ferroviaria RENFE, Miguel Corsini, asistía junto al secretario de Estado español de Infraestructuras, Benigno Blanco, y otros directivos de la citada empresa a la concentración silenciosa.
Blanco se limitó a decir que el desalojo fue ordenado por las fuerzas de seguridad, que lo consideraron inicialmente conveniente, y que en la estación se limitaron a seguir esas órdenes.