La más pequeña de los octillizos nacidos prematuramente en Estados Unidos hace una semana perdió ayer su lucha por mantenerse viva y murió al fallarle el corazón y los pulmones, dijo el hospital Infantil de Texas.
Chijindu Chidera Louis, que pesó sólo 320 gramos al nacer, fue declarada oficialmente muerta en horas de la madrugada, manifestó el Hospital Infantil de Texas en un comunicado.
A causa de su bajo peso al nacer, la pequeña era la que tenía menos posibilidades entre los ocho hermanos de sobrevivir.
Los otros siete recién nacidos, dos niños y cinco niñas, permanecen en estado grave en una unidad de cuidados intensivo del hospital.
Los padres de los octillizos, Nkem Chukwu y Iyke Louis Udobi, de origen nigeriano, indicaron en el comunicado que estaban tristes por la muerte de la niña. "Ella está ahora en un lugar seguro, con Dios en el cielo", agregaron.
La bebé, apodada Odara, empeoró su salud el sábado, cuando los médicos trataron de incrementar el nivel de oxígeno en su sangre al retirarle la asistencia respiratoria y conectarla a un oscilador, una máquina que aporta aire a sus pulmones a una velocidad mayor.
Pero su corazón empezó a fallar y no se la pudo revivir, agregó el comunicado.
La pediatra Patti Savrick expresó el sábado que los pulmones de Odera estaban muy poco desarrollados y que no mejoraron en su semana de vida.
"Desconocemos si tiene suficiente capacidad pulmonar para seguir con vida sin mucha asistencia", declaró Savrick.
La niña muerta, cuyo nombre significa "Dios tiene mi vida" y que fue la quinta de los bebés en venir al mundo, pesó 11,3 onzas (320 gramos) al nacer.
Siete de los bebés nacieron el domingo 20 de diciembre por medio de cesárea con 10 semanas de antelación. El octavo, una niña, nació en forma natural el 9 de diciembre, 12 semanas antes de lo previsto.
Los padres visitaron a los bebés el sábado por la noche antes de la muerte de Odera, dijeron fuentes hospitalarias.
Fue la primera vez que la madre, debilitada por el múltiple embarazo, los vio desde su nacimiento.
El portavoz del hospital Bryan McLeod destacó que no se pidió a los padres que tomaran una decisión sobre si retirar los equipos de asistencia vital de la recién nacida.
"Totalmente no. Simplemente no pudo superarlo. Eso nunca estuvo en discusión", enfatizó a Reuters.
A causa de sus creencias religiosas, los padres rechazaron la idea de abortar a algunos de los fetos para darles más posibilidades de vida a los restantes.
Savrick explicó que la falta de espacio en la barriga materna fue la probable causa del limitado crecimiento de Odera, que al nacer cabía en la mano de una mujer.
Los médicos trataron durante el fin de semana de retirar a los bebés de la respiración asistida, pero tres de ellos tuvieron que seguir conectados a las máquinas.