Roma. Bettino Craxi, el exprimer ministro socialista italiano, murió ayer en Túnez, a donde había huido hace varios años después de haber sido condenado por corrupción.
Su hijo Bobo, actual dirigente socialista, confirmó la muerte de su padre sin dar detalles.
El abogado del exprimer ministro, Giannino Guiso, dijo en Milán que Craxi murió en su residencia balnearia de Hammamet, en Túnez, de un ataque cardiaco. Familiares suyos lo hallaron muerto en su lecho, precisó.
Craxi, de 65 años, que fue figura política prominente y uno de los primeros ministros de mayor duración en Italia --gobernó desde agosto de 1983 a marzo de 1987-- padeció problemas de salud durante años, incluyendo dificultades cardiacas y complicaciones por la diabetes.
En noviembre, un tribunal milanés dictaminó que Craxi podía regresar a Italia para someterse a una operación de desvíos coronarios y cumplir su sentencia de cinco años y medio de cárcel por corrupción, bajo arresto domiciliario.
Pero Craxi rechazó el ofrecimiento diciendo que sólo regresaría en libertad. Lo operaron en un hospital militar de Túnez para extirparle un riñón.
Al conocer la noticia, las dos cámaras del Congreso italiano suspendieron sus sesiones.
Durante su mandato como primer primer ministro socialista de la república establecida durante la Segunda Guerra Mundial, Craxi se enfrentó a Estados Unidos en 1985, negándose a entregarle a los palestinos que secuestraron el barco de pasajeros Achille Lauro y mataron a un anciano norteamericano.
Sin embargo Craxi se enfrentó también a los comunistas italianos --que integran el mayor Partido Comunista en Occidente y una fuerza política considerable en Italia-- al permitir a la OTAN establecer misiles nucleares en Sicilia.
Entre los primeros en enterarse de la muerte estaba el papa Juan Pablo II, quien "lo recuerda en sus oraciones", dijo el portavoz del Vaticano, Joaquín Navarro-Valls.
El Papa reconoce que Craxi contribuyó a "las buenas relaciones entre el Estado y la Iglesia en Italia", dijo el portavoz. Craxi actualizó un pacto con el Vaticano que data de 1929, en el cual se deroga al catolicismo como la religión oficial de Italia.
"Las mejores vacaciones son ejercer el poder", dijo cierta vez Craxi. Sus palabras resultaron paradójicas cuando los socialistas, junto a los demócrata-cristianos con los que gobernaron en varias ocasiones, cayeron en desgracia a raíz de las investigaciones anticorrupción de comienzos de los 90.