Los palestinos solían calificar a la esposa de Yaser Arafat, Suha, como una millonaria mimada que eligió vivir de manera opulenta en París en lugar de quedarse al lado de su esposo en los asediados cuarteles de Cisjordania.
Ahora, la señora Arafat –que ni siquiera había visto a su esposo durante años hasta que enfermó gravemente en octubre– ha emergido repentinamente como una de las principales figuras en la batalla por la sucesión.
En una llamada telefónica de solo un minuto con el canal de televisión satelital árabe al-Yazira, ayer en la mañana, Suha Arafat desató una tormenta política e hizo pública una pugna por el poder que hasta ahora permanecía oculta desde que su esposo enfermó.
Suha Arafat, hasta ahora ausente del cuadro político, acusó al primer ministro palestino Ahmed Qureia y al exprimer ministro Mahmud Abbas de conspirar para enterrar vivo a su esposo.
Ambos estuvieron a punto de desistir de una visita a Arafat a París, pero la delegación finalmente viajó ayer con demoras.
La señora Arafat, una cristiana que se convirtió al Islam, finalizó su conversación telefónica con las palabras “Dios es grande”, utilizadas frecuentemente como un grito de guerra musulmán.
Tayeb Abdel Rahim, un importante consejero de Arafat, convocó de urgencia una conferencia de prensa para declarar públicamente la furia del liderazgo palestino por las declaraciones de la mujer.
“Lo que dijo la señora Arafat no representa a nuestro pueblo”, manifestó, acusando a la esposa de Arafat de “querer destruir la decisión del mando palestino” y ser la única que toma decisiones.
Los funcionarios palestinos, la prensa israelí y algunos analistas responsabilizaron a Suha Arafat por la confusión que existe sobre el estado de salud de Arafat, al considerar que su silencio ha creado un vacío que se ha llenado de una serie de rumores.
Molestia popular
Los palestinos de Cisjordania han apodado sarcásticamente a la señora Arafat como “Madam Susu”, un sobrenombre infantil, debido a su obstinada demanda de mantener el control sobre el flujo de información que sale de París.
Desde que Arafat fue hospitalizado en París hace 11 días, su esposa ha controlado el acceso al dirigente de 75 años.
En los últimos días, Suha se ha alineado con los funcionarios palestinos opuestos a la actual dirigencia, según fuentes palestinas.
Nacida en Naplusa, Suha se desempeñó como secretaria de Arafat mientras el líder palestino permaneció exiliado en Túnez. En 1991 se convirtió al islam y se casó con Arafat.
Tenía 28 años cuando contrajo matrimonio con el líder de 62 años, y de inmediato se convirtió en una figura impopular.
“Es una situación absurda que Suha esté sentada allí y decidiendo cuándo, cómo y quién”, manifestó a Radio Ejército de Israel Sufian Abu Zaida, funcionario de la Autoridad Palestina.
Sospechas
Con su cabello rubio al descubierto y sus elegantes ropas de diseñadores extranjeros, Suha provocó inquietud cada vez que recorría los conservadores territorios de los musulmanes palestinos.
En febrero de este año, la fiscalía francesa inició una investigación por una transferencia que hizo Suha por nueve millones de euros ($11,5 millones) a cuentas bancarias en Francia, según informes suministrados por funcionarios gubernamentales encargados de vigilar el lavado de dinero.
Suha negó que estuviera viviendo una vida de lujos derivada de la desviación inadecuada de grandes sumas de las arcas palestinas, que emplean los fondos para la lucha contra los israelíes.
“Todo el dinero viene y va de forma legal. ¿Qué hay de malo en que el presidente palestino envíe dinero a su familia y esposa, que vela por los intereses palestinos en el extranjero?”, dijo al diario árabe al-Hayat , en Londres.