
Tokio. AFP. El emperador Akihito de Japón celebrará sus 75 años mañana martes, pero las festividades de este cumpleaños se verán empañadas por el estrés de una familia imperial inquieta por su perennidad.
Llegado al trono en 1989 a la muerte de su padre Hirohito, semidiós relegado a una función meramente honorífica después de la derrota de 1945, Akihito se ha dedicado a fondo a sus funciones de símbolo nacional. Ha multiplicado las obras de beneficencia y ha respetado las tradiciones de palacio.
Pero a sus 75 años está fragilizado por problemas de salud.
El 9 de diciembre, los médicos le encontraron huellas de sangre en el estómago, unos días después de haberle sido diagnosticada una arritmia cardíaca. El programa de Akihito, operado de cáncer de la próstata en el 2003, fue aligerado y el emperador renunció a su tradicional conferencia de prensa de fin de año para descansar.
Según el jefe de la agencia imperial, Shingo Haketa, la causa podría ser el estrés.
El emperador “lleva unos años inquieto por el futuro del linaje imperial y por otros asuntos relacionados con la casa imperial, y nunca deja de pensar en ello”, explicó Haketa.
La dinastía imperial se remonta a 2.600 años, según la mitología que presenta a los emperadores de Japón como los descendientes de la diosa del Sol Amaterasu. Los historiadores sitúan el inicio del linaje en el siglo VII antes de Cristo.
La japonesa es la familia reinante más antigua del mundo y su perennidad es una de las preocupaciones mayores de los emperadores porque, en virtud de una ley de 1889, solo pueden subir al trono los hombres.
Antes habían reinado en el archipiélago algunas emperatrices, hasta Go-Sakuramachi, la última mujer que ocupó el trono del Crisantemo, entre 1762 y 1771.
Akihito y su esposa Michiko tienen dos hijos, Naruhito, el mayor y primer heredero en la línea sucesoria, y Akishino, segundo de la lista.
Pero durante 40 años no ha nacido ningún otro varón en la familia reinante. La prensa sensacionalista ha multiplicado las revelaciones sobre las tensiones en el palacio y la presión que pesa sobre Masako, la esposa de Naruhito, para que dé un heredero varón a la corona. Masako, una brillante diplomática que renunció a su carrera para contraer matrimonio con el delfín, dio a luz una niña en el 2001, lo cual relanzó el debate sobre el acceso de las mujeres al trono imperial.
El nacimiento de un niño cinco años más tarde en la familia de Akishino, el hermano del príncipe heredero, zanjó las veleidades reformadoras sin resolver el problema de la sucesión.
“Estamos viviendo una situación muy peligrosa, como si estuviéramos conduciendo un coche sin póliza de seguro. Es evidente que esto provoca un estrés al emperador”, declaró Tsuneyasu Takeda, descendiente de una de las 11 familias afiliadas a la casa imperial.
Coincidiendo con el 45.° cumpleaños de la princesa Masako, el 9 de diciembre, sus médicos pidieron a la prensa que le reserve “un trato humano y cálido” para ayudarle a superar la depresión.
La princesa, que ya no participa casi nunca en ceremonias oficiales ni desplazamientos de su esposo desde el 2003, por su estado de salud, hizo una inesperada aparición pública el 10 de noviembre en el acto en honor de los reyes españoles Juan Carlos y Sofía en el palacio.
Fue la primera vez en cinco años que Masako participaba en una ceremonia de bienvenida a un invitado extranjero.
Según los observadores, la exigencia de la etiqueta y el protocolo de palacio es la causa de su depresión. Esta hipótesis “ha herido profundamente” al emperador, declaró Haketa, el 11 de diciembre.