CIUDAD DEL VATICANO (AFP) - El decreto del Papa Benedicto XVI que autoriza la misa en latín será publicado este sábado, y representa una medida para allanar las diferencias con los católicos ultraconservadores, pero que inquieta a los católicos modernos.
Esta decisión del Papa es un "gesto pastoral" destinado a reconciliar al Vaticano con los integristas, que siguen siendo fieles al rito antiguo, explican en el entorno del jefe de la Iglesia Católica.
Desde el concilio Vaticano II (1962-1965), la misa "oficial" es la de Pablo VI, que se oficia en la lengua de cada país, y que utiliza fragmentos del Antiguo Testamento.
La antigua misa de San Pío V, la llamada "misa tridentina", con el sacerdote de espaldas a los fieles y en latín, no fue en realidad prohibida, sino que su celebración debía ser aprobada por el obispo.
Desde que fue elegido pontífice, Benedicto XVI ha criticado en varias ocasiones los abusos que cometen numerosos sacerdotes durante la misa, con cantos, músicas y bailes que considera inadecuados.
El decreto del Papa de todos modos no suprimirá la liturgia moderna y busca más bien estimular a las nuevas generaciones de sacerdotes para que estudien latín y conozcan más profundamente la historia de la religión católica, señala su entorno.
Según el número dos del Vaticano, el cardenal Angelo Bertone, el Papa explicará con una "amplia carta personal" la medida, que deberá servir a "valorizar nuevamente la liturgia preconciliar" e ilustrar "su riqueza".
El abandono de la misa en latín fue una de causas de la ruptura con los adeptos del obispo francés Marcel Lefebvre, excomulgado por Juan Pablo II en 1988 y primer cisma de la historia moderna.
Sin embargo, un reciente sondeo para el semanario francés Le Pélerin mostró que el 65% de los católicos practicantes en ese país se oponen a la misa antigua, mientras que el 29% se mostró satisfecho por la medida.
El decreto o "motu proprio" de Benedicto XVI ha sido la fórmula escogida por el pontífice para reactivar la misa según el rito de Pío V.
El pasado mes de octubre, cuando el Vaticano anunció ese "motu proprio", un grupo de jóvenes curas franceses advirtió a la Conferencia de Obispos de Francia que no estaban de acuerdo en utilizar una práctica "que los hará retroceder a una vida litúrgica de otra época".
Una parte de los católicos teme que el retorno a la misa en latín signifique una revisión de los históricos acuerdos del concilio Vaticano II, que serían sacrificados para reconciliarse con los integristas.
Del lado de los ultraortodoxos se espera conocer en detalle los textos del Vaticano, para saber si la liberalización de la misa tridentina tendrá lugar bajo "condiciones".
Benedicto XVI abrió en agosto del 2005, pocos meses después de su elección como pontífice, el diálogo directo con los lefebvristas, al recibir a su superior, Bernard Fellay.
Juan Pablo II, que también intentó reintegrarlos dentro de la Iglesia sin lograrlo, ofreció autorizar la misa tridentina, pero a condición que la oficiaran sólo los obispos.
© 2007 AFP