ANKARA (AFP) - El Parlamento turco elegirá Presidente, el martes según todas las previsiones y pese a las objeciones de los defensores más aguerridos del laicismo, al ex-islamista y ministro de Relaciones Exteriores, Abdulá Gul, algo que será un hecho histórico, según los analistas.
Gul, de quien los medios cercanos al laicismo temen que cuestione una vez elegido presidente el principio fundacional de la República turca, o sea, la secularización, no obtuvo la semana pasada la mayoría de dos tercios de los votos, o sea 367 sufragios, requerida en las dos primeras vueltas para poder ser elegido jefe del Estado.
La tercera vuelta, este martes, podría ser la buena para él, pues sólo se requiere la mayoría absoluta, o sea 276 votos, y su Partido de la Justicia y del Desarrollo (AKP, surgido de la corriente islamista) dispone de 340 escaños tras su amplia victoria en las elecciones anticipadas del 22 de julio.
Dichos comicios fueron convocados para salir de la grave crisis política provocada por una primera candidatura de Gul a la Presidencia, que llevó en la primavera a millones de turcos a manifestarse en favor del laicismo y culminó con una amenaza de intervención del ejército.
El boicot decretado por los partidos opositores bloqueó entonces su elección como jefe del Estado, al no obtener el quórum necesario en las votaciones parlamentarias.
El AKP desmiente querer cuestionar el laicismo y Gul prometió en varias ocasiones que defenderá el principio de la separación entre Estado y religión.
También aseguró que será un presidente imparcial, al servicio de todos los ciudadanos.
Sin embargo, sus detractores siguen dudando, al considerar que no puede representar a la República un hombre que en el pasado criticó la occidentalización de Turquía y cuya esposa lleva el velo islámico, lo que es percibido por los adalides del laicismo como símbolo del islam político.
"Ahora nadie puede hablar de Estado laico. El plan de los islamistas para (...) hacer una contra-revolución sigue avanzando sin problemas", escribió recientemente el editorialista Bekir Coskun, del diario Hurriyet.
"El velo va a representar al Estado (...) Gul no es mi presidente", agregó, provocando la furia del primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, quien sugirió al periodista sacar las consecuencias de sus opiniones y renunciar a su ciudadanía.
Numerosos observadores ven en el ascenso de Gul a la presidencia una victoria histórica de la democracia frente al ejército, que en 60 años de miltipartidismo ha provocado la caída de cuatro gobiernos.
"La elección presidencial constituye un giro histórico para la democracia turca. Quiere mostrar que los políticos responsables y autorizados tomarán decisiones políticas pese a todo tipo de presiones y de imposiciones", dijo el analista Ali Bayramoglu.
Los electores autorizaron al AKP a normalizar el juego político y la presidencia de Gul será un paso más en esa vía, agregó Bayramoglu, comentarista del diario pro-gubernamental Yeni Safak.
En su campaña electoral, el AKP prometió una nueva Constitución más liberal, que limitará el papel del ejército a guardián del régimen instalado.
El éxito del AKP en las legislativas deberá de todas maneras hacer posible a Gul iniciar su mandato en calma, pues los militares tienen poco interés en ponerse en contra de la población, según los observadores.
Para estos últimos, la actitud del ejército presagia "que las aguas estarán calmadas por un tiempo a partir de ahora".
© 2007 AFP