Francia elige hoy entre un socialista que se ofrece como “candidato del cambio” o un presidente que aspira a que lo reelijan para que el barco tenga un capitán experimentado en momentos cuando el mar está picado.
Y es que las preocupaciones no les faltan a los franceses, turbados por la crisis que sacude a sus vecinos, nerviosos por sus propias finanzas y golpeados por un desempleo que alcanza el 10%.
Tras 17 años de inquilino de derecha en el palacio del Elíseo, el socialista François Hollande llega a esta primera vuelta con un fuerte respaldo en las intenciones de voto, un mensaje que no ha dejado de inquietar a Nicolás Sarkozy, quien no desearía correr la misma suerte que su correligionario Valéry Giscard d’Estaing, hasta ahora el único presidente de la Quinta República quien no consiguió la reelección.
Un cambio de timón hacia el socialismo en este momento significaría para la Unión Europea la existencia de un modelo alternativo, distinto al impulsado por el binomio franco-alemán, advierte Alejandro Barahona Kruger, analista y consultor privado en relaciones internacionales.
Con François Hollande a la cabeza, el socialismo presenta una propuesta centrada en el francés “de a pie”, con medidas que llaman más al crecimiento social que a la austeridad, pero que también se alejan de la política predominante de la Unión Europea, con Ángela Merkel como protectora de sus intereses.
Hollande se presenta como el adversario de las finanzas, “que tomaron el control de la economía, de la sociedad y de nuestras vidas”.
El paro del 10% (poco menos de la mitad de España), propone atacarlo con la creación de 150.000 empleos para jóvenes por año y dar incentivos a las empresas que los contraten y los mantenga por más de tres años.
Su programa contempla el rigor financiero con políticas de inversión que fomenten el crecimiento. Además, renegociar el tratado europeo de estabilidad fiscal para poder introducir más estímulos al sector público.
Sarkozy, el candidato de una “Francia fuerte” ha tratado de vender el mensaje de que, para enfrentar la crisis, se requiere de la continuidad y su experiencia.
Propone fomentar el diálogo entre empresas y universidades, y la exención de impuestos para empresas que empleen a personas mayores de 55 años por un periodo más lla de los seis meses.
Aboga por la disciplina fiscal, como la que ha impulsado en conjunto con la cancillera alemana, Ángela Merkel, como medio para espantar los fantasmas de la crisis.
El presidente se vanagloria de haber cumplido en los últimos tres años las metas de déficit, lo que ha permitido a Francia pagar tipos de interés por la deuda “históricamente bajos”.
Los dos candidatos mayoritarios se han comprometido a cumplir con la meta europea de un déficit del 3% del PIB en el 2013.
Los números rojos cerraron en el 2011 en el 5,2%, cinco décimas menos del compromiso con la Unión Europea(UE). Este año, el objetivo es bajarlo al 4,4%.
El socialista planteó la imposición de un impuesto del 75% para las ganancias superiores a un millón de euros al añ o y de un 45% para las mayores de 150.000, recuperar los tributos de las empresas instaladas en paraísos fiscales como Suiza, eliminar exoneraciones y limitar el salario de los más ricos.
Sarkozy, por su parte, recaudaría el dinero con un recorte en el gasto público, un cobro de impuestos a los “exiliados” fiscales y la cancelación de aportes a la UE.
“Dudo que Alemania esté receptiva a las propuestas socialistas, pero tiene dos opciones: buscar otro aliado para orquestar la UE o abrirse al diálogo”, comentó Barahona.
Sin embargo, no solo Hollande, sino todos los cuatro candidatos a la cabeza de intención de voto han puesto “peros” a seguirse aceptando las reglas de la Unión Europea, con Merkel a la cabeza y principal interesada en la continuidad.
Las propuestas van desde salirse de plano del grupo económico, como plantea la ultraderechista Marine Le Pen, hasta la idea de Hollande, y más tarde de Sarkozy, de que el Banco Central Europeo sea el encargado de trabajar por el crecimiento de Europa.
Estas medidas causan descontento en Berlín, donde consideran que “el papel y la función del BCE es ajeno a la asistencia de la política. Y eso lo sabe bien París”, expresó un vocero de Merkel, dando a entender que Alemania no está dispuesta a dar el brazo a torcer.
El asesinato de siete personas en marzo en Tolouse y Montauban por un terrorista de ascendencia argelina exacerbó la discusión.
Desde la izquierda, Hollande propone conceder el derecho a las elecciones municipales a los extranjeros que residan en Francia desde hace más de cinco años e iniciar un proceso de regularización “caso por caso” de los que están en situación irregular.
Sarkozy propone reducir de 180.000 a 100.000 la cantidad anual de inmigrantes legales y reagrupar la familia alrededor del francés como lengua nacional.
En Francia existe una fuerte presencia musulmana (entre 5 y 7 millones de personas), que ve la política de asimilación más como discriminación que como un esfuerzo de integración nacional.