Virginia. Barak Obama tiene el poder de contar historias de una forma tan amena que lo puede hacer sentir a uno como si estuviera tomándose algo con un amigo y no en una concentración política con 100.000 personas.
En su discurso de cierre de campaña, al borde de la medianoche del lunes, contó cómo hace un tiempo en una cena en Carolina del Sur le pidió la adhesión a una líder política. “Está bien, Obama –la mujer en serio lo llamó por su apellido, aunque estaban cara a cara–, pero tiene que venir a visitar mi pueblo”, respondió ella.
Al cabo de unas semanas, pasada la medianoche, mientras Obama arrastraba sus maletas a una habitación de hotel, un asesor le informó que debía levantarse muy temprano y le recordó su promesa de visitar el pueblito.
Cuatro horas después, “me levanté más cansado que cuando me acosté, me asomé a la ventana y estaba lloviendo, abrí la puerta de la habitación y había una noticia mala sobre mí en el New York Times ”.
Cuando salió del hotel, el viento destruyó su sombrilla y se tuvo que subir al carro mojado para un viaje de casi dos horas. “El pueblito quedaba a una milla y media de ningún lado”, aseguró Obama. Al llegar, lo esperaban apenas 20 personas.
Entró en la casa donde se realizaría el evento y de pronto una voz dijo “¿ Fired up (animados)?” y los demás repitieron “¡ Fired up !”. La voz entonces dijo “¿ Ready to go (listos para salir)?” y los demás repitieron “¡ Ready to go !”. La voz era de una anciana, bajita, con un gran sombrero, concejal del pueblito –y, al parecer, investigadora privada en su tiempo libre–, conocida ahí precisamente por esas dos frases.
“Siguieron diciendo eso por cinco minutos. Volvía a ver a mis asesores y ninguno entendía qué estaba pasando”, recordó Obama, quien terminó uniéndose al singular coro. “¿Y saben qué? Después de un minuto me sentía animado, listo para salir, y seguí así todo el día, aunque al final no conseguí la adhesión que buscaba”, contó.
Según Obama, esta anécdota es un ejemplo de cómo una voz puede cambiar el ánimo en una habitación, una casa, un pueblo, un estado, una nación y en última instancia el mundo. “¡Virginia, tu voz puede cambiar el mundo!” gritó el demócrata a todo pulmón para ponerle punto final a dos años de una intensa campaña.
Mientras miles salían del campo ferial donde se realizó el discurso y caminaban hasta dos kilómetros hacia los parqueos, las palabras de la anciana –el cántico oficial de la campaña demócrata– los acompañaron todo el camino.
“¿ Fired up ?, gritaba alguien por ahí. “¡ Fired up !”, le respondían muchos. “¿ Ready to go ?” decía alguien más. “¿ Ready to go ?”, volvían a gritar los demás...