
Santiago. El País. Decenas de chilenos y alemanes vivieron horrores en Colonia Dignidad, una propiedad de Paul Schaefer donde concurrían agentes de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), policía de Augusto Pinochet.
Schaefer tiene hoy 83 años de edad y está en silla de ruedas. Hace dos semanas llegó a Chile tras ser expulsado de Argentina.
Desde su llegada ha sido sometido a diferentes diligencias judiciales, incluyendo el careo con personas que fueron sus víctimas.
Tres jueces lo han procesado por sus crímenes, por dos casos de detenidos desaparecidos en la Colonia y la violación de 26 niños, mientras otros cinco magistrados esperan su turno para interrogarlo.
En 1961 instaló su reino en una hacienda de más de 15.000 hectáreas, a 400 kilómetros al sur de Santiago, y la llamó Colonia Dignidad.
Allí instauró un régimen tiránico para los casi 300 alemanes que emigraron con él a Chile, que vieron un profeta que decía querer ayudar a los campesinos pobres.
División. En la Colonia, Schaefer separó a los hombres, las mujeres y los niños, y los hizo laborar de sol a sol sin salario ni seguridad.
También instaló sistemas de seguridad para que no se fugaran y golpeó y drogó a los rebeldes.
"Fue un Estado sobre el Estado chileno, que contó con una poderosa red de apoyo de empresarios, políticos y militares para prosperar, al punto que no le cobraban impuestos", afirmó el abogado Hernán Fernández.
Desde que llegó a la Colonia, Schaefer practicó a diario la pederastia y violó a todos los niños varones de entre 6 y 14 años que ingresaron a este sitio de tortura.
Schaefer prestó la Colonia como campo de torturas durante la dictadura de Pinochet. Cientos de detenidos fueron torturados ahí, y en el recinto se dictaron cursos para los agentes de la DINA.
Colonos fugados han contado que perdían la percepción del tiempo porque en ese lugar no había calendarios, televisión, radio, ni llegaban diarios y ellos trabajaban todos los días.