Se dice que un ejército marcha según como está su estómago. El Ejército Republicano Irlandés (ERI) ha marchado por generaciones alimentado con una dieta de odio al poder que Gran Bretaña ejerce sobre el costado nororiental de la isla de Irlanda.
El ERI, que puso en vigencia el domingo su segundo cese al fuego en tres años, es el sucesor de un ejército clandestino formado a principios de siglo para sacar a los británicos de la isla.
El número de hombres que lo forman no ha podido determinarse, pero analistas de seguridad aseguran que probablemente no son más que 200 "voluntarios" que no titubean a la hora de perpetrar las emboscadas y atentados explosivos que han ensangrentado los seis condados norirlandeses y la vecina Gran Bretaña.
Sin embargo, sus objetivos (acabar con el gobierno británico en la provincia y la reunificación de Irlanda) tienen el apoyo de la minoría católica en Irlanda del Norte, que asegura ser tratada como ciudadanos de segunda clase por su religión y sus aspiraciones políticas.
Su ala política, el partido Sinn Fein, pasó en siete años de tener el 10 por ciento de los votos norirlandeses a un 15 por ciento en los comicios de mayo.
El presidente del partido, Gerry Adams, y su segundo, Martin McGuinness, lograron dos escaños en el parlamento británico, pero no han ocupado sus curules por negarse a prestar juramento a la reina.
El ERI surgió durante los disturbios en favor de los derechos civiles de la década de 1970 y desde entonces comenzó un conflicto de casi 30 años que ha dejado 3.200 muertos y ha convertido a la provincia en una fortaleza militar.
El ERI comenzó como defensor de los enclaves católicos contra los grupos protestantes durante los disturbios civiles de la década de 1970. Posteriormente, se volcó a la ofensiva.
Mientras el Sinn Fein crecía como partido político, el ERI arrojó bombas de mortero de fabricación casera contra la residencia del primer ministro, en el número 10 de la calle Downing; contra el aeropuerto Heathrow de Londres; y han asesinado a cientos de personas a balazos o con bombas.
Estas ofensivas han obligado a Gran Bretaña a resguardar la provincia hasta con 20.000 soldados y han convertido cada calle importante de Irlanda del Norte en una fortaleza, con estaciones de policía protegidas con gruesos muros metálicos para protegerse de bombas de mortero y cohetes.
Cientos de integrantes del ERI se encuentran encerrados en cárceles británicas, capturados gracias a allanamientos y cacerías impulsados por el ejército británico y sus servicios de inteligencia, así como por la misma policía norirlandesa.
Como reconocieron los jefes de las fuerzas de seguridad, es un enemigo imposible de vencer. "Es como una estrella de mar. Si se le corta un pedazo, le sale otro", indicó recientemente una fuente británica de seguridad.