
Muy temprano, a las 6:00 a. m., en las calles que llevan al Vaticano, un par de máquinas limpiaban las calles. Una imagen poco frecuente en la capital italiana.
Un equipo de 500 médicos, enfermeras, personal de Protección Civil y voluntarios instalaban pequeños quirófanos en el interior de unas estructuras inflables.
Roma se preparaba para la beatificación de Juan Pablo II y para albergar a los dos millones de peregrinos, según los cálculos del coordinador del personal sanitario, Pietro Grossi.
Y mientras centenares de policías controlaban la seguridad en los alrededores de la Plaza de San Pedro, muy temprano se asoman los vendedores de los más inimaginables recuerdos del papa Juan Pablo II, claramente
Muchos recuerdos. En la Vía de la Conciliación, que conduce desde el Castillo de San Angelo (una exfortaleza del Vaticano y antigua residencia de verano de papas anteriores) hacia la plaza de San Pedro, es necesario quitarse como moscas a los vendedores callejeros que ofrecen camisetas, fotografías, llaveros, retablos. “Bueno, bonito y barato. Cinco llaveros, cinco euros”, gritaba en perfecto español uno de ellos.
Al mediodía, y sin hacer caso alguno a la lluvia que caía sobre Roma, los peregrinos convertían San Pedro en un hormiguero de almas, deseosas de fotografiarse delante de la maravillosa plaza o, como fondo, el balcón por desde donde el antiguo cardenal de Cracovia emocionó a tantas almas, donde criticó la guerra, el capitalismo, el comunismo...
Allí encontramos un grupo de peregrinos que han venido a Roma en bicicleta, atraídos por la figura de Juan Pablo II, desde la tierra que vio nacer a Wojtyla. Se calcula que solo de Polonia los peregrinos suman medio millón.
Los peregrinos ciclistas son Son Karol Lawnizak, de 24 años, estudiante universitario de Medicina, y su amigo, Rafaj Olszak, quien tiene serios problemas para hablar. Pero, no obstante su enfermedad, quiso hacer el recorrido de 2.000 kilómetros en bicicleta.
Este viaje a través de parte de Europa les tomó unas tres semanas, durante las cuales debieron dormir en
La imagen del Papa viajero es como un imán que atrae a los peregrinos de todos los rincones, convencidos ya desde su muerte, el 2 de abril de 2005, de que era un santo.
Un centenar de costarricenses aquí en Roma celebraron ayer una calurosa misa para homenajear al único papa que visitó nuestro país.
La atmósfera matutina que transmitía el estrés de la carrera contra el tiempo y las estrictas medidas de seguridad, al anochecer se transformó en una fiesta. En los autobuses, en el metro, en las calles y por todas partes los peregrinos cantaban en honor al nuevo beato.
Con banderas de España en las espaldas, un grupo de muchachas madrileñas cantaba: “Juan Pablo, Juan Pablo, nos haces felices”.
Los polacos cantaban en inglés “
Mientras, medio millón de personas se concentraron en el Circo Máximo, antiguo escenario de los excesos de la Roma Imperial. Con velas en mano, oraron y recordaron las intervenciones milagrosas del papa Karol Wojtyla.
Y desde el cielo, dos helicópteros vigilaban el Vaticano.