México D.F. Los vientos de lucha recorren nuevamente el campo mexicano, atrapado en una telaraña de atraso socioeconómico y torpedeado por la apertura casi total del apartado agropecuario del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).
A esta apertura, vigente desde el 1.° de enero, se oponen millones de campesinos agrupados en el Movimiento el Campo No Aguanta Más y otras organizaciones, que advierten sobre serios riesgos para la estabilidad nacional de no encontrarse una salida a los problemas rurales de México.
En el campo, de acuerdo con líderes agrarios y políticos, se dan la mano la miseria –que reconoce el propio presidente Vicente Fox–, los rezagos sociales de todo orden y la ilegalidad.
La descomposición tiene como origen el paternalismo con que operó el Partido Revolucionario Institucional (PRI) durante 70 años, y que cambió abruptamente después por una apertura comercial indiscriminada, sin que mediaran apoyos a los campesinos.
Los hombres del campo reclaman al gobierno la revisión del capítulo agropecuario del Tratado que mantiene México con Estados Unidos y Canadá desde 1994.
El mandatario Fox se reunió la semana pasada con los productores rurales para asegurarles que comparte sus preocupaciones y que se debe “evitar todo posible daño que pudiera ocasionar la apertura comer cial, sobre todo en esos sectores de la agricultura que se han visto afectados”.
Nueva política
Víctor Suárez, vocero del Movimiento el Campo No Aguanta Más (que agrupa a 12 organizaciones), afirmó que llegaron con Fox a un acuerdo de diálogo para crear una “nueva política para el campo”, que será definida en una Convención Nacional Agraria, programada del 2 al 5 de febrero.
Explicó que para los campesinos “la piedra angular (en la problemática económica y social del agro) es la renegociación del apartado agropecuario del TLCAN”.
Fox parece haber flexibilizado su posición inicial al respecto en solo una semana.
El domingo 5 dijo que el TLCAN “no es solo un acuerdo comercial con derechos y obligaciones que hemos asumido como nación, sino que forma parte también de nuestras propias leyes”. El miércoles 8 afirmó que su gobierno está abierto a la posibilidad de renegociar los aranceles agrícolas.
Para el movimiento agrario, esa renegociación debe buscar la “reorientación de todas las acciones de política económica y comercial, revertir la dependencia alimentaria y lograr soberanía alimentaria. Se trata de terminar con 20 años de desmantelamiento del campo, de fomentar las capacidades internas de producción de alimentos para el mercado nacional”, manifestó Suárez.
Mundo sórdido
El líder reconoce que la celebración de una Convención Nacional Agraria “es una última llamada” para arreglar los graves problemas del campo mexicano.
En este, debido al atraso, se da “no solo el cultivo de estupefacientes, sino también trafico de especies prohibidas, redes de prostitución, tráfico de órganos humanos, criminalidad, delitos comunes, tráfico de personas, de armas, todo ilegal. La ilegalización es una alternativa de sobrevivencia”.
“El punto es que hay desnutrición, hambre, pobreza y, obviamente en este contexto, hasta condiciones para grupos guerrilleros extremistas”.
Las condiciones lacerantes en el campo son reconocidas por Vicente Fox, quien admite: “El 13,43 por ciento de la población total (más de 103 millones de personas) del país se encuentra por debajo de la línea del dólar al día, que es la que marca la pobreza extrema. En el medio rural, el porcentaje es de 30 por ciento; 30 por ciento de las familias viven o sobreviven con un ingreso inferior a un dólar percápita al día”.
Desnutrición campea
Víctor Suárez apunta que 60 por ciento de la población del campo es pobre y de ella –como Fox admite– la mitad vive con menos de un dólar al día. Por ello, 48 por ciento de los menores de cinco años padecen de desnutrición; este porcentaje aumenta en zonas indígenas. Tres millones de campesinos trabajan en condiciones de subempleo.
Todo esto se da por la “desruralización compulsiva, expulsiones al mejor estilo de las dictaduras soviéticas; ahora el mercado ha decidido que cuatro millones de personas deben salir del campo, que sobran, que no son competitivos en el contexto de la globalización”, lamenta Suárez.
La cuestión –agrega– es que el campo mexicano está amenazado por la llegada de artículos agropecuarios de Estados Unidos, cuyos productores reciben anualmente –por un período de cuando menos una década– subsidios por unos 18.000 millones de dólares, mientras que en México los campesinos obtienen ayudas por unos 3.000 millones de dólares, muchos de ellos dirigidos a paliar los problemas del hambre y no a impulsar la productividad.