12 febrero, 2011
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El Cairo. AFP, AP, EFE y redacción. El presidente egipcio, Hosni Mubárak, dimitió y entregó el poder al Ejército ayer, al término de 18 días de rebelión popular.

Una inmediata explosión de júbilo se produjo en la calles de El Cairo, y la comunidad internacional reaccionó con satisfacción.

“¡El pueblo ha hecho caer al régimen!”, gritó una multitud en la emblemática plaza Tahrir, convertida en símbolo del movimiento de protesta iniciado el 25 de enero contra Mubárak, de 82 años, con tres décadas en el poder.

“Habida cuenta de las difíciles condiciones que atraviesa el país, el presidente Hosni Mubárak decidió abandonar el puesto de Presidente de la República y encargó al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas administrar los asuntos del país”, anunció el vicepresidente, Omar Suleiman, en una intervención televisada.

Gritos de júbilo, estruendos de bocinas y disparos al aire celebraron la noticia en El Cairo, donde cientos de miles de manifestantes habían participado en una multitudinaria protesta, bautizada “viernes de la cólera”, que venció la resistencia de Mubárak a abandonar el poder.

El mandatario había partido con toda su familia a Sharm el Sheij, ciudad balnearia a orillas del mar Rojo. Horas después, Suiza anunció que había congelado todas sus cuentas.

Pese a la alegría general, algunos egipcios expresaban su preocupación por encontrarse ahora bajo un régimen militar.

“Quiero estar seguro de que el Ejército transfiera el poder a un gobierno civil de transición. Si oigo eso, este será el fin de la protesta y podremos irnos a casa”, declaró Adel Anwar, uno de los miles de cairotas que acampaba desde hacía dos semanas en la plaza.

Garantías. Consciente de esta inquietud, el todopoderoso Ejército aseguró en un comunicado que no será “una alternativa a la legitimidad querida por el pueblo”.

El máximo representante del nuevo régimen, el ministro de Defensa, Mohamed Husein Tantaui, recibió una calurosa acogida cuando pasó en automóvil frente al Palacio Presidencial donde miles de egipcios se habían congregado.

Tantaui, que dirige el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, es ahora el número uno. Uno de los cables de la diplomacia estadounidense filtrados por WikiLeaks lo describe como un hombre “encantador y cortés, pero viejo y resistente al cambio”.

“El Ejército es percibido como un garante, un mediador, entre un poder ausente y la revuelta de la calle”, dijo al diario El País, de España, Amr al Chobaki, del instituto al Ahram de Estudios Políticos e Internacionales.

Los Hermanos Musulmanes, el más articulado de los grupos opositores egipcios, que se sumó tardíamente a las protestas, felicitaron al pueblo y al Ejército egipcios sin mostrar interés en gobernar.

Reaccionaron también dos de las figuras egipcias que pueden emerger como candidatos a la elección presidencial.

El secretario general de la Liga Árabe, Amr Musa, saludó “al pueblo y al Ejército por su logro histórico”, y llamó a construir un sistema político “basado en el consenso”.

El premio Nobel de la Paz Mohamed ElBaradei afirmó: “Mi mensaje al pueblo egipcio es: ganaron su libertad, úsénla lo mejor posible”.

Occidente reaccionó con entusiasmo a la partida de su exaliado, pero pidió respeto a los tratados de paz entre Egipto e Israel de 1979.