El hallazgo de tres fósiles de dinosaurios en China que se consideran "el eslabón perdido" entre grandes saurios y las aves, sorprendió a los científicos con la revelación de que, incluso el Tiranosaurus Rex, podría haber tenido plumas.
La teoría, presentada en la sede de la National Geographic Society en Washington, obligará a cambiar muchos de los modelos que se exhiben en museos y reproducciones fotográficas y, de haberla conocido Steven Spielberg, la película Parque Jurásico hubiera sido muy diferente.
Los tres fósiles encontrados en la provincia china de Liaoning están tan extremadamente bien conservados, pese a sus 120 millones de años, que aún pueden percibirse las plumas del Archaeoraptor, un gran animal con todas las características de las aves que, sin embargo, era un dinosaurio.
"Archaeoraptor es el verdadero eslabón en la cadena que une a pájaros y dinosaurios", dijo Phillip Currie, un experto paleontólogo en esa etapa de transición del Jurásico y director del Museo Royal Tyrrell de Alberta, en Canadá.
Este ejemplar, al que un depósito de cenizas volcánicas en China preservó intacto para la historia, era un terópodo, o sea, un bípedo comedor de carne, igual que el Tiranosaurus Rex, por lo que los científicos concluyen que los feroces saurios podrían nacer también con una fina capa de plumaje.
Currie declaró que el hallazgo confirma además que aquellos dinosaurios tenían sangre caliente, lo que se explica a partir del descubrimiento de las plumas, que debieron servir como "un aislamiento contra el frío".
Xu Xing, paleontólogo del Instituto de Vertebrados de Pekín y autor de las excavaciones que permitieron sacar a la luz los nuevos fósiles, expresó su emoción al revivir los momentos del hallazgo.
"No puede describir cómo me sentí en el momento en que comprobamos que tenían alas", dijo Xing, quien explicó que probablemente estos animales de transición tenían alas con plumas en todo el mundo, pero la frágil materia de las plumas solo se ha fosilizado en un yacimiento privilegiado como el de Liaoning.
Los grandes dinosaurios, de los que se sabe con certeza que dieron origen a las aves actuales, aparecieron en la Tierra hace unos 200 millones de años, en el primer Jurásico, y se perpetuaron y evolucionaron con éxito hasta el Cretácico, para desaparecer hace 65 millones de años, al menos en las especies de mayor envergadura.
Phillip Currie explicó la paradoja de esa transición. "Si sus restos fósiles se mostraran a un especialista en ornitología (aves) -dijo-, para preguntarle de qué tipo de animal se trata en función de algunas de sus características, diría sin dudarlo ¡Es un ave!, pero lo cierto es que sabemos que son dinosaurios".