
El bloque de centroderecha del presidente Jacques Chirac sufrió una severa derrota, ayer, en la segunda vuelta de las elecciones regionales francesas, donde la oposición de izquierda consiguió una cómoda victoria.
Una izquierda unida, aglutinando a socialistas, comunistas y ecologistas, consiguió alrededor del 50% de los votos, mientras que la mayoría de Chirac llegó al 37% y la ultraderecha a un 13%, según las mismas fuentes.
Pese a no tener ninguna influencia sobre un Parlamento dominado por la derecha, estos resultados, que se adivinaban desde la primera vuelta del 21 de marzo, forzarán a cambios ministeriales en el gobierno del primer ministro Jean Pierre Raffarin.
“Sin duda, se imponen algunos cambios”, reconoció el jefe de gobierno, aceptando la derrota de la derecha minutos después del cierre de los colegios electorales.
Dos años después de su triunfo absoluto en las elecciones presidenciales y legislativas, la derecha tradicional y moderada francesa liderada por Chirac, de 71 años, es objeto de un voto de castigo, que obliga también a un cambio de estrategia de gobierno, sobre todo a priorizar por el área social, como exigen los ciudadanos.
Voto castigo
El aumento del desempleo en el 2003, la reforma del sistema de pensiones sumada a la ampliación del horario de trabajo y los cortes presupuestarios en la investigación y sanidad son factores que pesaron contra el gobierno de centroderecha en estos comicios.
Las crecientes manifestaciones ciudadanas fueron la muestra flagrante del descontento popular.
“Son resultados espectaculares”, resumió el exprimer ministro Laurent Fabius, un dirigente socialista, asegurando que la derecha fue castigada y que a partir de ayer se abre “una fuerte esperanza para la nueva izquierda” francesa.
Según estos resultados preliminares, la derecha, que dirigía hasta ayer 14 de las 22 regiones metropolitanas, solo habría conservado dos. Mientras tanto, la izquierda se haría con el triunfo en 20 regiones, según estos sondeos, entre ellas la región Ile de France, donde ya gobernaba, que incluye la capital, París, y agrupa a 11 millones de habitantes.
Entre otras, la derecha perdió la simbólica región centrooccidental de Poitou-Charentes, feudo del Primer Ministro.
“Los resultados no son buenos. Hay que reconocerlo”, comentó lacónicamente el ministro de Justicia, Dominique Perben.