El presidente saliente de Ecuador, el centropopulista Fabián Alarcón, dijo ayer que le deja "un país en marcha" a su sucesor, el democristiano Jamil Mahuad, para quien pidió el apoyo popular y del Congreso durante los cuatro años de gestión que iniciará este lunes.
En declaraciones a EFE en su despacho del palacio presidencial de Carandelet, Alarcón dijo estar satisfecho por su labor de dieciocho meses de gobierno interino que lideró desde febrero de 1997, cuando dejó la titularidad del Congreso y asumió la primera magistratura después de que los legisladores destituyeran por "incapacidad mental" al entonces presidente Abdalá Bucaram, quien ejerció el cargo únicamente seis meses.
"Al presidente no solo hay que elegirlo, sino que también hay que apoyarlo. A mi sucesor le dejo un país en marcha, porque se han cumplido los objetivos trazados al inicio de una labor de un año y medio, pese a la convulsión social y política de febrero de 1997 y a la posterior crisis petrolera, a las secuelas del fenómeno de El Niño y a los efectos de la crisis bursátil nacida en Asia", subrayó.
Alarcón identificó como principales logros la consolidación del sistema democrático, el proceso de pacificación con Perú que procura acabar con los problemas fronterizos que provocaron tres guerras en el último medio siglo y permanentes tensiones, así como la elección y labor de una Asamblea Constituyente que reformó la Constitución.
Asimismo, destacó que deja a Mahuad "una economía manejable", con una inflación del 32 ó 34 por ciento anual, un crecimiento económico del 2 ó 2,5 por ciento del PIB, un déficit fiscal del 3 por ciento, una Reserva Monetaria Internacional (RMI) de $1.900 millones y un endeudamiento exterior "que no creció y uno interno que lo hizo en términos normales".
Aunque recalcó que no deja el cargo de presidente "con amarguras ni con melancolías", reconoció "cierta frustración" al no haber logrado la ampliación de la capacidad del oleoducto que transporta el petróleo (principal producto de la oferta exportable ecuatoriana) de los pozos amazónicos hasta los puertos en el Pacífico, entre otras obras proyectadas.
Se felicitó, a su vez, por haber dado los primeros pasos para la construcción de otros "megaproyectos" de infraestructura o ya haberlos licitado, y por el "irrestricto respeto a la libertad de prensa" y la creación de un organismo de lucha contra la corrupción, incluida la entrega a las Fuerzas Armadas de la administración de las aduanas.
Informó también de que no abandonará la actividad política ni el ejercicio de su profesión de abogado ni saldrá del país, pero que, por el momento, se dedicará exclusivamente a su familia: "Llevaré a mis tres hijos a tomar helados e iremos al cine", subrayó.