Boston. Incluso bajo custodia preventiva, John J. Geoghan, el sacerdote que durante décadas abusó sexualmente de niños bajo su cuidado –asesinado el fin de semana en prisión– era un blanco obvio para la violencia.
En las prisiones a lo largo de Estados Unidos, dicen especialistas del sistema penal, los reos observan una jerarquía implacable que relega a los abusadores de niños al último peldaño de la sociedad penal, y que premia a quienes los atacan.
`”Hay un orden jerárquico, y los abusadores de niños se encuentran en el fondo”, dice John Daignault, psicólogo forense en la Facultad Médica de Harvard y exfuncionario del sistema penal.
“Con frecuencia son sometidos a actos violentos y a actos sexuales, como pago por lo que se considera que hicieron a otros”.
Algunos especialistas penales dicen que la estructura social en las prisiones está tan extendida que no fue una sorpresa enterarse de que Geoghan había sido estrangulado por su compañero de celda, Joseph L. Druce.
`James Alan Fox, otro catedrático de justicia criminal en Northeastern, dice que Geoghan debía haber sido considerado como un reo en alto riesgo porque no solo era un pedófilo, sino que además había recibido gran atención por parte de los medios de comunicación. “Estaba claramente en peligro”, dijo Fox.
Los presos más violentos, incluso los asesinos, suelen ocupar los escaños más altos en la casta social de una prisión, mientras que quienes han atacado a los niños y a los ancianos, o que muestran desórdenes psicológicos, luchan desesperadamente por sobrevivir en el fondo de la escala.
Debilidad
``“Hay un temor enorme de exhibir cualquier debilidad. El reo debe presentarse como una persona de fuerza y poder, dispuesta a correr cualquier riesgo para no ser humillado”, dice Stuart Grassian, psiquiatra de Newton.
``En prisión, frecuentemente hay una necesidad rabiosa de encontrar a gente a la que se puede golpear y ante la cual el reo se puede sentir más poderoso. Los pedófilos son vistos como débiles, dignos solo de asco e inmorales.
Por otra parte, los internos como Druce, declarado neonazi y asesino que ya cumple una condena perpetua sin posibilidad de libertad bajo fianza, quizá incluso mejoren su reputación carcelaria al atacar a pedófilos u otros que se encuentran en los peldaños más bajos, dice Grassian.
Algunos que han estudiado las poblaciones de reos dicen que no es posible afirmar que los pedófilos se convierten en blancos naturales para la violencia en prisión porque un porcentaje desproporcionado de la población carcelaria quizá haya sufrido abuso sexual en su infancia.
“`La vasta mayoría de los individuos que fueron víctimas de abusos sexuales sufren internamente una amplia gama de sentimientos, uno de los cuales es el odio, pero no actúan contra los que odian”, dice el psicólogo forense Daignault.
No obstante, según el abogado Robert Sherman, en una cultura en la que los fuertes abusan de los débiles, no hay disposición a revelar el abuso que padecieron ante sus compañeros de prisión. “``Sienten que esa información podría someterlos a actos de hostilidad, burla y abuso. Allá adentro existe una cultura machista”.