
Haifa, Israel
En el bar Elika del barrio de Hadar en esta montañosa ciudad porteña, una psicodramaturga treintona liaba un cigarrillo y bebía café con su padre, actor renombrado en Israel. El cantinero vertió cervezas altas para dos mujeres que entraron en busca de una pinta por la tarde. En la cercanía, una mujer de 22 años de edad con la cabeza parcialmente afeitada y coloridos tatuajes estaba sentada sola, trabajando en su laptop.
Ellos estaban entre las muchas mujeres y hombres con peinados, perforaciones y tatuajes que pueblan un tramo de la escena social de Haifa, la cual se asemeja a la de hípsters adinerados de Tel Aviv. Sin embargo, aquí los chicos cool son palestinos, y han desplegado un ambiente de autoconciencia árabe que es secular, feminista y amigable hacia la comunidad gay.
"Haifa es uno de los centros para árabes, como Tel Aviv es un centro de los judíos", dijo Asil Abu Wardé, el patrono de Elika que practica una forma de psicoterapia fundamentada en un performance. "Hay un movimiento cultural. Hay un movimiento juvenil. Aquí hay algo similar a libertad".
"Tenemos nuestras propias fiestas. Nuestros propios lugares. Nuestras propias discos. Bailamos. Lo hacemos todo en árabe", agregó. "Todo esto empezó en Haifa".

Los árabes integran un quinto de los 8 millones de habitantes de Israel y, en años recientes, los árabes israelíes se han vuelto más asertivos para expresar su identidad palestina, aliados con sus hermanos en el oriente de Jerusalén, Cisjordania y la Franja de Gaza.
Sin embargo, su vida pública en Haifa es un impactante contrapunto secular al conservadurismo de muchas comunidades árabes de Israel, donde el sexo antes del matrimonio es un tabú y los hombres y mujeres solteros rara vez salen en citas y suelen contraer matrimonio a edades relativamente cortas, en emparejamientos a menudo arreglados por sus madres.
El relativo liberalismo de Haifa es producto de su tradición cosmopolita más bien única. Para los jóvenes solteros en esta ciudad, es fácil salir en esta ciudad, construida en una empinada colina costera, con los judíos tendiendo a vivir en los puntos altos y los árabes junto al mar.
Lo que alguna vez fue una ciudad de clase trabajadora con 280,000 habitantes, tiene ahora varias universidades y ha acogido su diversidad. Los 30,000 residentes árabes, alrededor de 10 por ciento de la población, incluyen los mismos números de musulmanes y cristianos, y por lo general son más ricos y tienen mejor educación que árabes en otras partes de Israel.
Esto hace de Haifa un cómodo lugar para palestinos liberales que no solo quieren escapar de las ataduras de conservadoras comunidades árabes sino también estar entre su propia gente.
"Si estás en un barrio árabe, tienes una comunidad. Si vives en un barrio judío, eres un extraño, y eso te da libertad como mujer árabe", dijo Fidaa Hammoud, de 32 años. "Hay muchas parejas de facto, en tanto mujeres mayores viviendo solas sin tener que oír chismes".
Hammoud se mudó a Haifa en 2011 tras haber estudiado terapia del lenguaje durante cuatro años en Barcelona, España. Ella y su pareja viven en un barrio judío donde administran un café palestino llamado Rai. "Yo no podría hacer esto en ningún otro lugar", dijo ella.
Ayed Fadel administra Kabareet, bar junto al mar de un camino industrial de cuatro carriles, a través de un callejón y pasando algunas escaleras. Él imagina su bar clandestino con sus muros pintados de rojo y afiches de viejos filmes árabes como un lugar en el cual la gente puede ser como es realmente.
"Queremos que una pareja gay vaya a la pista de baile y se bese, y que nadie los vea siquiera", dijo. "Esta es la nueva sociedad palestina a la que apuntamos".
Esa sociedad estuvo de manifiesto a finales del año pasado, cuando algunos bares y cafés llevaron a cabo proyecciones de Kooz Queer, el primer festival de cine gay palestino. Además Dar al-Raya, café que también hace las veces de editorial, publicó en fecha reciente "El libro del deseo", del cual se cree que está entre los primeros volúmenes de literatura erótica de tiempos modernos escrita por autores palestinos.
Para algunos, el florecimiento del ambiente palestino en Haifa evoca a la ciudad durante el dominio británico, cuando floreció una animada vida cultural entre árabes. Buena parte de eso terminó en 1948 con la guerra en que se creó Israel, cuando los árabes huyeron, o fueron obligados a marcharse, de sus hogares en muchas ciudades, incluyendo Haifa, destacó Mustafá Kabha, conferencista de historia palestina en la Universidad Abierta de Israel.
Haifa en la década de los 30 y 40", dijo, "tenía centros nocturnos, cafés, hoteles, teatros y periódicos" para árabes, incluido el Sham Café, donde se reunían trabajadores sirios y libaneses, así como el Port Café, para trabajadores del concurrido puerto de la ciudad.

"Sientes que el lugar está regresando a una armonía muy natural; en una vieja casa árabe, oyes árabe", dijo Bashar Murkus, quien abrió hace poco el teatro Khashabi en una vieja bodega perteneciente a un comerciante árabe en un barrio industrial junto al mar.
El liberal renacimiento árabe en Haifa empezó con la inauguración del restaurante palestino Fattoush en 1998. Este local, que fue sede de discusiones culturales y exposiciones de arte, fue en otra época un escándalo para la educada sociedad árabe debido a que hombres y mujeres bebían alcohol y coqueteaban abiertamente. Actualmente es un elemento fijo enfocado al turismo en el bulevar Ben Gurion, el principal atractivo de Haifa.
Abrieron más negocios pertenecientes a árabes en esa calle en los años transcurridos desde esos días, con letreros que dan la bienvenida a toda la gente en árabe, inglés y a veces, hebreo. Muchos de estos bares, cafés y restaurantes estaban atestados en una noche reciente de fin de semana, con parejas paseando por saturadas aceras decoradas con luces navideñas.
Más atrás por el mismo camino en el bar Elika, Samer Asaklé estaba pasando el tiempo con colega. Se oía una populachera canción árabe sobre fumar marihuana, y afiches pegados al muro promovían un concierto con una banda árabe de ska, Toot Ard.
"La gente en Haifa, particularmente en estos cafés, está haciendo revoluciones", dijo Asaklé, de 23 años, con su largo cabello atado en un desordenado moño.
Él se mudó a este lugar proveniente de su poblado de Mughar, en Galilea, para estudiar administración y, al principio, quedó asombrado ante las actitudes abiertas y a todas luces libertinas, así como las costumbres sociales de personas que conocía. Dijo que no había encontrado a una sola persona abiertamente gay antes de mudarse aquí en 2011, y solía excusarse de fiestas cuando aparecían parejas gay porque él no aprobada la homosexualidad.
Ya se relajó desde esos días, dijo.
"Apoyo las libertades de la gente, sociales, personales e individuales, y no puedes dividir eso", explicó Asaklé. "No puedes meramente no aceptar a las personas inusuales. Creo en la libertad del pueblo palestino, así que nosotros también tenemos que apoyar las libertades personales".