Medio millón de mujeres se manifestaron ayer frente a la sede diplomática de Estados Unidos en Cuba en una de las mayores marchas hasta la fecha, para exigir el regreso inmediato del niño balsero Elián González.
La ruidosa concentración fue organizada en pocas horas por el gobierno del presidente Fidel Castro en respuesta al fallo de un tribunal de Atlanta que el jueves denegó el derecho de asilo político para Elián, pero mantuvo en pie la prohibición de que abandone Estados Unidos por el momento.
"Abajo la patraña, devuelvan a Elián", clamó una voz a través de los altavoces instalados a lo largo del Malecón de La Habana donde según fuentes gubernamentales se concentraron medio millón de mujeres.
Tras escuchar el himno nacional tocado por una banda militar, cientos de miles de mujeres comenzaron a marchar disciplinadamente por la avenida costanera bajo un sol abrasador hasta pasar por delante del imponente edificio de la Sección de Intereses de Estados Unidos.
Uno de los pocos hombres presentes en la masiva concentración femenina fue Castro, quien dirige personalmente la campaña sin precedentes en los 40 años de historia revolucionaria cubana.
Al igual que en numerosas marchas similares realizadas en los últimos meses, las participantes fueron traídas en autobuses públicos y colocadas a lo largo del Malecón, en un nuevo alarde de la impresionante capacidad de movilización del Partido Comunista Cubano, que pidió disculpas al pueblo por la paralización del transporte público.
"Esta es la verdadera protesta del pueblo cubano", señaló Clara González, una madre y abuela quien vestía una camiseta con la cara de Elián.
Tras la manifestación que encabezaron las dos abuelas de Elián, varios miles de mujeres se concentraron frente a la sede diplomática norteamericana para escuchar cánticos y discursos a favor del regreso del niño. Castro fue abrazado efusivamente por uno de los niños que habló en la tribuna.
El caso Elián, rescatado en el mar a finales de noviembre tras el naufragio en el que murió su madre, trascendió pronto la escena familiar para convertirse en una encarnizada lucha política entre el exilio de Miami, que ya acepta su inminente regreso a Cuba, y el Gobierno cubano.