Ciudad de Guatemala El asesinato del dirigente sindical Oswaldo Monzón Molina, que había sido secuestrado el 22 de junio, desencadenó ayer la indignación en Guatemala, que vive una imparable espiral de violencia.
Monzón Molina era secretario general del Sindicato de Pilotos de Combustible del departamento sureño de Escuintla y su secuestro había sido denunciado el viernes, por el secretario de la Central General de Trabajadores (CGTG), José Pinzón.
El cadáver del sindicalista fue hallado horas después de la denuncia en un paraje a 82 kilómetros al sur de la capital guatemalteca con un balazo en la espalda.
A pocos metros se había encontrado su camión, una cisterna en la que transportaba combustible el día en que desapareció, informó otro dirigente de la CGTG, la mayor central obrera del país, Rigoberto Dueñas.
Pinzón había descartado que el secuestro de Monzón Molina estuviera relacionado con la delincuencia común y responsabilizó del mismo al empresario Mario Ortiz Barranco, propietario de una línea de transportes con quien el sindicalista mantenía un litigio laboral y que le había amenazado de muerte.
La CGTG demandó a las autoridades una exhaustiva investigación para esclarecer el hecho.
El diputado por el partido gobernante Frente Republicano Guatemalteco (FRG), Mario Soto, permaneció hace dos días secuestrado durante varias horas por un grupo de hombres que le robaron su vehículo y lo golpearon.
La creciente delincuencia en Guatemala ha obligado incluso al presidente del país, Alfonso Portillo, a enviar a su familia a Canadá por temor a sufrir atentados de bandas de criminales.
Portillo ha admitido que no ha podido controlar la violencia en sus primeros seis meses de gobierno y ha decidido pedir al Ejército que colabore con la policía.
Incluso, la Iglesia Católica guatemalteca hizo el viernes un llamamiento al pueblo a no perder la calma ante el clima de inseguridad que persiste en el país y pidió a la ciudadanía no dejarse amedrentar.