Según una responsable de la Asociación Forum Asile y Migrations (FAM), Fred Mawet, Bélgica cuenta actualmente con unos 100.000 sin papeles, entre ellos “varios miles”, que estimó en “15.000, 20.000 ó 30.000”, a la espera de una regularización.
Un año atrás, los cinco partidos de la coalición en el poder habían anunciado una nueva política en materia de permisos de residencia para los extranjeros, con un sistema de puntos que tenía en cuenta, por ejemplo, la noción de “anclaje local duradero”.
Pero 12 meses más tarde, las directivas de aplicación aún no se conocen, lo que ha incitado a algunos sin papeles a ocupar edificios universitarios, llevar a cabo huelgas de hambre o instalarse en lo alto de grúas en Bruselas.
A fines de febrero, los más altos representantes de las principales religiones de Bélgica (católica, protestante, judía, musulmana y budista) y del laicismo empezaron a presionar, instando al gobierno a concretar “la política migratoria humana prometida”.