El Informe mundial sobre desarrollo humano publicado ayer por la ONU señala una marginalización de los países y los individuos pobres a causa de "las desigualdades de ingresos sin precedentes a escala planetaria".
En 1820, la distancia entre el país más rico y el más pobre era de 3 a 1. En 1999 los 48 países más pobres, y sus 582 millones de habitantes, compartieron $146.000 millones, mientras que las 200 personas más ricas del mundo acumulaban una fortuna de $1 billón.
La erradicación de la pobreza es un desafío central para los derechos humanos en el siglo XXI, afirma el PNUD: el planeta cuenta aún con 1.200 millones de pobres que viven con menos de un dólar por día.
Más de 30.000 niños mueren cada día por razones que podrían ser evitadas, y 780 millones de personas padecen hambre, entre ellas 8 millones en los países industrializados.
Las desigualdades son claras de región a región: a finales de 1999, cerca de 34 millones de personas estaban infectadas por el virus del SIDA, de los cuales 23 millones en África subsahariana.
Unos 150 millones de trabajadores en todo el mundo no disponen de empleo en 1998, y 250 millones de niños se ven obligados a trabajar en los países en vías de desarrollo.
Ciertamente, el progreso en términos de calidad de vida ha sido considerable: entre 1970 y 1999, la esperanza de vida en los países pobres pasó de 55 años a 65 años (en comparación con los 75 años en los países industrializados), y el porcentaje de población rural que tiene acceso al agua potable pasó del 13% al 71%. Sin embargo, 1.000 millones de personas siguen sin acceso al líquido vital.
A los países en vías de desarrollo les falta $80.000 millones por año para garantizar todos los servicios de base. La ONU les recomienda destinar el 20% de sus presupuestos a las necesidades elementales, pero ese índice no sobrepasa el 14% como media. Solamente el 8,3% de la ayuda de esos donantes bilaterales va a parar a esos servicios.
Para luchar contra la pobreza, el PNUD preconiza una "democracia integradora" que proteja las minorías y asegure la separación de poderes, con una sociedad civil abierta y una prensa independientes.
En la clasificación general del IDH, por séptimo año consecutivo, Canadá ocupó el primer lugar, seguido de Noruega, Estados Unidos, Australia e Islandia. En el otro extremo, Sierra Leona -donde la esperanza de vida no supera los 37,9 años- es el último de la lista.