La Habana. Van a dar una fiesta en tu casa. Vienen algunos de los más prominentes personajes políticos del continente. Hay discursos, homenajes y ceremonias, bailes y demostraciones folklóricas; pero tú, el dueño, el que pintó las paredes y limpió los salones, al que vive aquí, no tendrás lugar en los banquetes, ni voz en los torneos verbales.
Eso le pasa a los cubanos con la novena cumbre. Estarán afuera, lejos de los salones, en el tumulto anónimo que tratará de ver el carro del rey de España y alguna limusina presidencial, detrás de los cordones policiales o frente a la pantalla del televisor. Quieto en base como se dice aquí.
Ese será el destino de los grandes sectores de la población en estos días, cuando en La Habana se debatirán importantes asuntos globales de la economía de la región, mientras la gente de a pie quiere que se hable de apertura, de libertades individuales, de espacio para trabajar y producir, de reunificación familiar, pluralismo y verdadera democracia.
La retórica política, con todos los medios de información a su servicio, apaga el rumor popular y lo confina a comentarios de esquina; lo minimiza y lo descalifica, lo extrapola y lo cierra con dos instrumentos feudales: la propaganda y la represión.
La prensa gubernamental, la única que se permite en Cuba, sugiere desde hace días que la visita del rey es, prácticamente, oficial. Destaca que se producirá el primer viaje de un presidente brasileño a Cuba en 40 años y pone de relieve la reanudación de relaciones diplomáticas con Paraguay.
Se anuncia que después de la cita permanecerán en Cuba, en visitas oficiales, los presidentes de Venezuela y de República Dominicana; pero no se ha publicado aquí la carta del presidente de Costa Rica, Miguel Ángel Rodríguez, en la que condicionó su presencia en la cumbre a que se le permitiera reunirse libremente con la oposición pacífica.
Tampoco se han hecho públicos los argumentos del mandatario de Nicaragua, Arnoldo Alemán, para no estar presente en la reunión y se le quita importancia a la ausencia de El Salvador, Chile y Argentina.
A estas alturas, con la prensa a todo vapor y brigadas de obreros remendando La Habana, con cámara rápida, al mejor estilo de Charles Chaplin, muchos opositores están arrestados o detenidos en sus casas y cinco periodistas que laboran fuera del control del Estado se mantienen en prisión domiciliaria. La mayoría de los que viven fuera de la capital, fueron advertidos de que no pueden visitar La Habana hasta después del día 17.
En nada se parece la atmósfera de la cumbre a la que precedió y siguió a la visita del Papa en enero de 1998. Hay un clima enrarecido y complejo, que marca toda la sociedad cubana, similar a las borrascas y los vientos, las lloviznas y aguaceros que han traído al archipiélago cubano, ahora, un frente frío pertinaz y estacionario.
(*) Periodista independiente