
Combatir un brote de malaria en una zona indígena panameña se convirtió en una dura tarea para las autoridades ante la resistencia de los nativos de atenderse con los médicos.
Si bien los líderes de la comarca kuna de Madungandí (este), dejaron ingresar a personal de salud pública en los últimos días para tratar la enfermedad, hay muchos que se resisten a ser atendidos por razones culturales.
Por ello, el ministro de Salud, Fernando Gracia, informó ayer de que planea reunirse con los dirigentes indígenas de todo el país, a fin de pedirles cooperación para combatir la malaria.
La enfermedad, que es provocada por la picadura de un mosquito y que puede ser mortal si no se trata debidamente, afectó a unos 200 indígenas en Aguas Claras de Madungandí.
La idea de la reunión es convencer a los caciques de que el problema se puede detener con métodos científicos, manifestó Gracia.
Explicó que personal de salud aplicó tratamiento contra la malaria a cerca de 400 de los 600 habitantes de Aguas Claras.
Pero otros funcionarios de salud señalaron que será difícil controlar el brote de inmediato debido a que algunos indígenas abandonaron la comunidad para no ser atendidos y otros que recibieron ayuda votaron los medicamentos.
El dirigente de la comarca Ovidio Espino dijo que los indígenas prefieren combatir la enfermedad con hierbas. “El tratamiento es más lento, pero también sirve”, señaló.
Los indígenas, especialmente las mujeres, consideran que el tratamiento que aplica el Ministerio de Salud es muy fuerte y provoca mareos y vómitos, agregó Espino. Los kunas tratan sus enfermedades con plantas y ritos para alejar los malos espíritus.