
MINA, Arabia Saudita (AFP) - Cerca de dos millones de musulmanes se congregaron el jueves en Mina, un valle cerca de La Meca, para dar comienzo a la peregrinación anual, bajo estrictas medidas de seguridad, después de que el año pasado unas 350 personas murieran en una estampida.
Vestidos de blanco, los peregrinos efectuaban a pie o en autobús los cinco kilómetros desde La Meca hacia el este, recreando el viaje del profeta Mahoma hace 1.400 años.
Grandes retenciones dificultaban la circulación en los cinco kilómetros que separaban La Meca y Mina.
"Todo se desarrolla como estaba previsto", indicó a la AFP el portavoz del ministerio del Interior, el general Mansur al Turki.
Las fuerzas de seguridad saudíes, desplegadas de forma masiva en los lugares santos del Islam, "tomaron todas las disposiciones posibles" para asegurar que el Hadj (la peregrinación) se desarrolle con normalidad, declaró el miércoles el ministro del Interior, el príncipe Nayef Ben Abdel Aziz.
El número exacto de peregrinos será conocido el viernes, cuando los fieles llegarán a la cumbre del monte Arafat, precisó la fuente.
Más de 1,6 millones de peregrinos extranjeros llegaron a Arabia Saudita, donde se sumarán a los musulmanes locales para participar en el Hadj.
Miles de policías fueron desplegados en las zonas de peregrinación, que los últimos años fue escenario de mortíferos incidentes.
Unas 350 personas murieron en una estampida durante el último Hadj, en enero de 2006, durante el ritual de la lapidación de las estelas.
El 2 de julio de 1990 una enorme avalancha se produjo en un túnel de Mina a causa de una avería en el sistema de ventilación y 1.426 peregrinos, en su mayoría de origen asiático, murieron asfixiados.
Las autoridades saudíes, que se enfrentan desde mayo de 2003 a una serie de violencia atribuida a extremistas de la red terrorista Al Qaida, prometieron actuar "con firmeza" contra cualquier intento de poner en peligro la seguridad.
La peregrinación musulmana estará empañada por el conflicto confesional en Irak, país vecino de Arabia Saudita, que, como el resto de monarquías petroleras del Golfo dirigidas por regímenes sunitas, teme que la violencia se extienda hasta sus propias comunidades chiitas.
© 2006 AFP