En América Latina, con frecuencia se han dado golpes militares y se han instaurado dictaduras de derecha o de izquierda para justificar carencias de los regímenes civiles, reales o supuestas, frente a problemas como crisis económica, desigualdad social, guerrilla o corrupción.
La experiencia enseña que, en la mayoría de los casos, los resultados han sido magros y cuando se ha logrado el fin (por ejemplo, abatir a Sendero Luminoso en Perú), ha sido a costa de un gran retroceso para la democracia y los derechos humanos.
Esta percepción está cambiando, reveló un estudio de opinión realizado en abril y mayo por la organización privada Latinobarómetro, con sede en Santiago de Chile. Tres hallazgos son significativos:
A El apoyo a la democracia política aumenta, pero hay críticas a cómo funcionan sus instituciones, particularmente los congresos y partidos políticos.
A Existe una amplia conciencia de que la corrupción es un mal muy arraigado en la región.
A Domina el pesimismo sobre el panorama económico y la mayoría de entrevistados (18.563 en 17 países) prevén que habrá una mayor convulsión social.
Resulta particularmente interesante que, ante la persistencia de serios problemas en materia de seguridad, ética en la función pública y materia socioeconómica, los latinoamericanos ya no miren hacia el cuartel como había sido corriente en pos del "hombre fuerte" que los saque del atolladero, sino que apuestan por la vía democrática para buscarle una salida.
El autoritarismo está perdiendo terreno y solo en Paraguay la tendencia es inversa, lo cual es explicable por la añeja y profunda tradición dictatorial y, quizás, por el pobre desempeño de quienes han gobernado tras el derrocamiento de Stroessner, en 1989.
Pero, a la vez, la adhesión a la democracia va acompañada de una exigencia de eficiencia, honestidad y realizaciones también en lo económico y lo social.
Es muy claro el mensaje: aquel sistema, con hambre y corrupción, corre el riesgo de desnaturalizarse y convertirse en una experiencia vacía.
La denuncia de la podredumbre en el ejercicio del poder político es otra prueba de que los ciudadanos están madurando y tomando conciencia de su derecho de exigir cuentas a los gobernantes.
Esta protesta se ha expresado en abstencionismo electoral o en el respaldo a nuevas propuestas partidistas, así como hacer de las calles una trinchera de lucha (el ejemplo actual es Nicaragua en el caso de Alemán y su fuero parlamentario).
Como expresó Marta Lagos, economista que dirige la Corporación Latinobarómetro, "los latinoamericanos aprendieron que el militarismo no soluciona sus problemas y que los militares no son capaces de hacerlo mejor que los civiles".
Algo es algo.