El Gobierno de Pekín dejó también en libertad a otros tres disidentes, detenidos por participar en los preparativos del viaje clandestino de Wang Bingzhang, de 50 años.
Bingzhang fue dejado en libertad y puesto en un vuelo con destino a Los Angeles. El avión despegó el lunes en la noche desde Shanghái.
El disidente había sido capturado el viernes en la céntrica provincia de Anhui.
La abrupta expulsión de Wang, sin juicio previo y sin que sus actividades políticas y clandestinas hubieran sido criticadas públicamente, pareció tratarse de una nueva estrategia de Pekín, que busca de esta forma quitarse de encima las frecuentes críticas de oponentes internos.
Al parecer, Pekín prefiere ahora enviar a sus oponentes domésticos al exterior, sin castigarlos en casa y haciendo el menor escándalo posible.
Diplomáticos dijeron que la expulsión demostró una nueva señal de los líderes chinos, quienes han comenzado a abrirse un poco al escrutinio externo en el tema de los derechos humanos.
Explicaron que también reflejó el previsto acercamiento de los lazos entre China y Estados Unidos, rotos prácticamente por el alegado maltrato del Gobierno chino a sus disidentes.
En un gesto de buena voluntad hacia Washington, China dejó en libertad en noviembre a su más famoso disidente, Wei Jingsheng, y lo forzó a exiliarse en Estados Unidos.