
Tokio. AP y AFP. Japón acusó ayer a China de avalar la xenofobia antijaponesa, y desestimó las demandas de arrepentimiento, antes de la visita a Pekín de su ministro de Relaciones Exteriores, Nobutaka Machimura.
El gobierno japonés está molesto por las declaraciones de los dirigentes comunistas chinos, quienes le atribuyen responsabilidad en los actos de violencia antijaponeses del fin de semana pasado en China.
En esa ocasión, incidentes por momentos violentos marcaron las manifestaciones de decenas de miles de personas contra intereses japoneses en Pekín y en las ciudades de Cantón y Shenzen (sur de China), cerca de Hong Kong.
En tanto, una segunda ola de protestas antijaponesas está prevista este fin de semana en toda China, para denunciar la actitud de Japón ante su pasado y su reivindicación de un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de ONU.
El origen. La crisis diplomática, que pone en riesgo la alianza económica más fuerte en el noreste de Asia, se generó por un manual japonés de historia que pocos estudiantes japoneses han leído.
El texto nacionalista, aunque es entregado de manera gratuita, es utilizado solo por 18 colegios secundarios de Japón, de un total de 11.102 que existen en todo el país.
El manual ha sido denunciado por el principal sindicato de maestros del país, y desde que fue aprobado, hace cuatro años, China lo ha señalado como evidencia de que Japón está intentando encubrir su pasado militarista.
Su tono impenitente y la omisión de atrocidades cometidas por Japón durante la Segunda Guerra Mundial, entre ellas haber obligado a miles de mujeres a ejercer la prostitución, ofusca a numerosos educadores y liberales japoneses.
El limitado uso del libro refleja las preocupaciones de la mayoría de los profesores sobre su contenido. Tiene 236 páginas, pero solo 20 de ellas se refieren al período 1920-1945, que fue el de la mayor expansión japonesa.
Sin embargo, 20 de esas páginas contienen pasajes que defienden al militarismo japonés como un intento de liberar a Asia del colonialismo occidental. El manual sostiene además que Japón, un país de escasos recursos en ese entonces, utilizó la agresión como último recurso. Los líderes japoneses de los tiempos de guerra empleaban una lógica similar.
Tokio ha admitido las ofensas que cometió durante la guerra, pero se niega a compensar de manera directa a las víctimas o a pedirles disculpas, al considerar que todas las compensaciones gubernamentales fueron fijadas en tratados de posguerra.