A las puertas de lo que ya muchos llaman una "revolución" sin disparos, Venezuela camina hacia uno de sus procesos históricos más importantes, con más esperanzas que propuestas, y sin saber exactamente hacia dónde se enrumba.
El pasado domingo 25 de julio los venezolanos escogieron a 128 de los 131 miembros de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), que fue la principal promesa de campaña del presidente Hugo Chávez, y le dieron el poder total al caudillo, cuyos seguidores ganaron 120 de los puestos en disputa.
La victoria del excapitán de paracaidistas, dado de baja tras un fracasado golpe de estado en 1992, implicó la sepultura de los partidos que controlaron por 40 años el país, pero que venían en decadencia en la última década, y redujo a la oposición a un desordenado conjunto de individualidades.
Ante la falta de contrapeso la constituyente podría retomar las amenazas de Chávez, y clausurar los reductos de lo que el Mandatario considera el "corrupto" viejo sistema político al cual desea eliminar: el Congreso (cuyos integrantes decidieron ya irse al receso y evitar un conflicto de poderes) y la Corte Suprema de Justicia (que ha advertido que su eventual cierre sería "inconstitucional").
Sin brújula
Los analistas temen por la suerte del nuevo texto constitucional, y advierten que los "chavistas" a cargo de la ANC son un grupo heterogéneo con criterios extremos, que van desde el neoliberalismo hasta el proteccionismo estatal.
Prueba de las divergencias internas es que poco después de su elección, afloraron discrepancias y choques entre ellos por el eventual cierre del Congreso, y de la elección del presidente de la ANC.
En las abrumadoramente mayoritarias filas oficialistas, el periodista Alfredo Peña, exministro de la secretaría de la Presidencia y el más votado, pretende mantener los poderes legislativo y judicial, a contracorriente de otros constituyentes oficialistas, que quieren reformar su estructura.
Para algunos, estas divergencias podrían indicar de que los 120 chavistas (a los que se sumó un independiente) podrían no ser la masa dócil de "alzamanos" que quiere el Presidente.
Por eso Chávez retomó la iniciativa, en un esfuerzo de neutralizar a los "aspirantes a librepensadores" de su coalición e imponer su concepto de "revolución bolivariana", como apuntó el jueves, Francisco Olivares, en las páginas de opinión del diario El Universal.
Entre corrillos, se habla de que el Mandatario ya tiene un borrador listo para ofrecerlo a la asamblea, a fin de que la nueva Carta Magna esté terminada el 17 de diciembre, natalicio del libertador Simón Bolívar, no obstante, nadie sabe cuál será el contenido de su propuesta.
Lo único en claro que hay en el tapete es la sugerencia presidencial de cambiarle el nombre a la nación por el de "República Bolivariana de Venezuela", y eliminar la actual distribución geográfica para dividir al país en cinco estados.
Chávez, un autoproclamado "revolucionario", esta semana propugnó por un modelo de "capitalismo sano, que distribuya, que produzca en lo económico y social con equilibrio, como ocurre en muchos países capitalistas y desarrollados del mundo".
"No debe haber ninguna preocupación ni en Venezuela ni en el mundo. Si alguien ha cuidado personalmente el proceso, soy yo. Este es hermoso, democrático, y debo ser un líder a la altura de un pueblo que quiere democracia, paz, desarrollo e instituciones", añadió.
Caldo de sueños
En el colectivo venezolano de frustraciones y esperanzas, el presidente Chávez, con su discurso incendiario y populista, encontró el suelo fértil para sus promesas revolucionarias, y discurso populista que lo catapultó a la presidencia, en diciembre pasado, y a la omnipotencia, en la elección de hace ocho días.
La población le dio la espalda a los partidos tradicionales, Copei y Acción Democrática (AD), que en 40 años de alternarse al poder no lograron que la riqueza del tercer país exportador de petróleo en el mundo, se tradujera en bienestar general. El 80% de los 23 millones de venezolanos son pobres, quienes vieron en Chávez su opción para romper con la miseria.
De acuerdo a una encuesta realizada en junio por la empresa Datanálisis el 60% de la población mantiene la expectativa de que la ANC resolverá el problema del desempleo y elevará el nivel de vida.
No obstante, el amplísimo poder que han puesto en manos de Chávez es un riesgo, y muchos temen que si no logra satisfacer las aspiraciones del pueblo, que ve en la constituyente la solución a todos sus males, la descomposición social crecerá a niveles jamás vistos.
Según el comentarista Diego Bautista Urbaneja, de El Universal, la ciudadanía puso su suerte en manos "de un hombre cuyo pensamiento desconoce". "Lo más grave es que no creo que el país sepa que está haciendo eso. Pero es necesario que lo sepa, y que asuma la responsabilidad de sus actos".
En la menguada orilla opositora, el constituyente más votado, el disidente socialdemócrata Claudio Fermín, denunció como farsa a las expectativas ciudadanas de una constituyente plural si se aprueba una constitución previamente elaborada.
De toda suerte, para los analistas, solo queda esperar a que este martes, la constituyente inicie su trabajo, y Chávez desvele el gran secreto de su prometido texto constitucional, de corte "bolivariano".
Algunas declaraciones fueron tomadas de cables de la agencia AFP