
Ciudad del Vaticano. EFE. El papa Benedicto XVI y el primado de la Iglesia Anglicana, Rowan Williams, reconocieron en una declaración conjunta la existencia de serios obstáculos en el camino del ecumenismo, que intenta la restauración de la unidad de los cristianos.
La declaración fue difundida tras una entrevista en El Vaticano entre ambos líderes religiosos en la que, además, el Papa reprochó públicamente a Williams por recientes acontecimientos en la Iglesia Anglicana que han afectado las relaciones con la Católica.
Esos acontecimientos están “especialmente relacionados con el ministerio sacerdotal y ciertas enseñanzas morales”, dijo Benedicto XVI, sin nombrar cuáles eran los asuntos concretos.
En los últimos años, la Iglesia Anglicana reconoció el sacerdocio de la mujer, su nombramiento en cargos eclesiales, como el obispado, y nombró como obispo a un sacerdote homosexual.
La Iglesia Católica no admite ninguna de esas posibilidades.
Durante la entrevista, el Papa dijo a Williams que esas actuaciones afectan no solo las relaciones entre anglicanos y católicos, sino también “las internas entre la Comunión Anglicana”.
Por su parte, el anglicano respondió que el camino de la unidad no es fácil y que las disputas sobre cómo aplica cada uno el Evangelio a los desafíos de la sociedad moderna “pueden oscurecer y amenazar los resultados del diálogo, el testimonio común y el servicio”.
A pesar de las divisiones, ambos han reafirmado su deseo de continuar por la senda del “verdadero ecumenismo que va más allá del diálogo teológico”.
“Hay muchas áreas de testimonio y de servicio en las que podemos estar unidos y que, ciertamente, llaman para una cooperación más cercana entre nosotros: la persecución de la paz en Tierra Santa y en otras partes del mundo ensombrecidas por conflictos y amenazadas por el terrorismo”, señala la declaración conjunta.
Otros puntos de coincidencia son “la promoción del respeto a la vida desde la concepción hasta la muerte natural” y el “amparo de los pobres, los oprimidos y los más vulnerables”.
Antes de la entrevista, que duró 25 minutos, el arzobispo de Canterbury y su esposa rezaron ante la tumba del antecesor de Benedicto XVI, Juan Pablo II.