Al menos entre 100 y 120 personas murieron ayer en Eschede (norte de Alemania) cuando un tren alemán de alta velocidad se estrelló, a 200 kilómetros por hora, contra el pilar de un puente, en el peor accidente ferroviario del país en medio siglo.
Unas 300 personas resultaron heridas, de las cuales 200 se hallan en estado grave, dijo el Ministerio del Interior regional de Baja Sajonia. Con regularidad los bomberos sacaban nuevos cadáveres de entre los fierros retorcidos de los vagones.
Las cifras probablemente aumentarían en el transcurso de la noche ya que las unidades de rescate no habían podido llegar hasta dos de los vagones, debido a los escombros del puente contra el cual se estrelló el convoy, indicó Joachim Lindenberg, portavoz de la policía.
"Esto me estremece hasta lo más profundo. Tuve que recoger partes de cuerpos, piernas y brazos de hombres, mujeres y niños", dijo el bombero Walter Stroetmann, uno de los 1.000 rescatadores que tuvieron que abrirse paso entre los restos de los vagones.
El tren accidentado pertenece a la clase Inter City Express, el expreso orgullo de los ferrocarriles alemanes, que, desde su presentación en 1991, compite con las aerolíneas.
Las causas del siniestro no se determinarán probablemente antes del fin de semana, una vez que se evalúen los datos técnicos, señaló Lindenberg. Según otro portavoz de la policía de Celle, Erich Philipp, "no había ningún obstáculo en la vía", lo que confirma la versión del conductor del tren, que sobrevivió al accidente y no resultó herido.
Esta declaración deja sin validez la primera hipótesis sobre los motivos del accidente ocurrido a las 11:10 horas locales (3:10 horas en Costa Rica), que afirmaba que un vehículo que atravesó las barreras de seguridad de un puente cayó sobre la vía, lo que provocó el descarrilamiento del tren, que viajaba a casi 200 km/h.
La fuerza del impacto a gran velocidad y el aplastamiento de las estructuras metálicas de los vagones explican que muchos de los supervivientes presenten lesiones muy graves, con traumatismos de gran profundidad y hemorragias en zonas vitales como cráneo, tórax o abdomen, de consecuencias muy peligrosas.
Visión apocalíptica
La locomotora del Intercity Express (ICE) se desprendió del convoy y siguió viajando sola a través de la estación de Eschede. Los cuatro vagones que la seguían chocaron contra un pilar de cemento armado de un puente cercano a la entrada de la estación y se incrustaron los unos en los otros. Los demás carros se doblaron como acordeones.
El tren número 884, que viajaba de Múnich (sur) a Hamburgo (norte), disponía de 759 asientos, pero la compañía Deutsche Bahn ignoraba anoche el número de pasajeros. "De todas maneras, eran varios centenares", señaló la empresa ferroviaria.
La policía no pudo confirmar la versión, pero Lindenberg señaló que los restos del coche parecían estar debajo del tren.
El lugar del accidente ofrecía una visión apocalíptica. Según un fotógrafo, había muertos y heridos "por todas partes". Era un "verdadero campo en ruinas", dijo por su parte un portavoz policial.
Más de 300 socorristas de la Cruz Roja, bomberos, de la protección civil y del ejército llegaron al lugar, donde movilizaron heridos hacia hospitales de Hannover y Hamburgo.
El canciller alemán, Helmut Kohl, de visita oficial en Bolonia (norte de Italia), adelantó su viaje de regreso anoche y, junto al presidente Roman Herzog, enviaron sus condolencias a las familias de las víctimas.
Kohl definió el accidente como "el más grave desastre ferroviario sucedido nunca en Alemania".
El primer ministro italiano, Romano Prodi, y el presidente francés, Jacques Chirac, manifestaron su pesar por el siniestro. El portavoz presidencial de Estados Unidos, Eric Rubin, declaró: "Estamos conmocionados y apenados."