
Buenos Aires. EFE. La iniciativa de la provincia argentina de Mendoza de aplicar la castración química a violadores a partir de julio, revivió la polémica sobre la eficacia del método en la rehabilitación de los abusadores reincidentes.
El gobierno de la provincia, en la frontera con Chile, da las últimas puntadas a un plan integral para tratar a los presos por violación, que incluye la aplicación de la castración química mediante medicación e inyecciones como método preventivo de reincidencia, informaron fuentes oficiales.
Hasta hoy, 22 agresores sexuales participarán en el programa, al que los reclusos deben ir de forma voluntaria y se aplica mientras cumplen su pena.
En el gobierno mendocino confían en que varios detenidos más se sumarán este mes a la iniciativa antes de que se aplique en julio, muchos de ellos motivados por la mejor calificación que pueden obtener para alcanzar la libertad condicional, detallaron los portavoces.
“El tratamiento disminuye la producción de testosterona e inhibe el apetito sexual, pero está visto desde la perspectiva integral. No es nada más que una inyección, sino también un abordaje psiquiátrico para que cuando el sujeto recupere su libertad no sienta el deseo de caer en este delito” , explicó el asesor provincial David Mangiafico.
No obstante, el director de Publicaciones de la Asociación Argentina de Psiquiatras, Hugo Marietan, afirmó que la castración no sirve pues el químico no elimina la necesidad del abusador de ejercer poder sobre la víctima.
“La castración disminuye el apetito sexual, pero en la violación hay otros elementos, como es la sensación de poder sobre la víctima, y si hay frustración por no poder ejercer el avasallamiento sexual, recurrirá a otro elemento de disfrute: violencia” , describió Marietan, para quien “no hay rehabilitación efectiva en el caso de los violadores reincidentes”.
Para la líder de la asociación Ayuda a Víctimas de Violación de Argentina, María Elena Leuzzi, esta medida expone a las víctimas a violaciones más violentas y es inútil pues ni quita la perversión ni la compulsión del violador.