Guatemala (AP). Se les llama calaqueros y se ganan la vida a partir de la elevada y tristemente famosa tasa de homicidios en Ciudad de Guatemala.
Siguen a las ambulancias, aguardan afuera de las morgues o se dirigen a toda prisa a escenarios del delito, intentando ser los primeros en contactar a familiares de los muertos y vender sus paquetes funerarios con ataúd a precios económicos, incluso de 150 dólares.
Estos amortajadores móviles forman un creciente negocio sin regular que proporciona servicios a los pobres.
La competencia es muy intensa. Algunos incluso les pagan a la policía y a los bomberos para que les avisen cuando alguien muere asesinado o en un accidente.
Ofrecen varios servicios, que van desde el embalsamamiento hasta auxiliar con procedimientos burocráticos para adquirir un certificado de defunción o permiso de entierro.
Y operan desde cualquier lugar. Por ejemplo, una casa funeraria es administrada desde un local que solía operar como el garaje de un mecánico, frente al cual se ofrecen ataúdes. En la parte trasera, entre féretros viejos y motores, los cadáveres son limpiados _incluyendo el retiro de los órganos_, embalsamados y vestidos para ser enterrados.
Debido a sus pandillas y narcotráfico, el país tiene una de las tasas de homicidios más elevadas del mundo. La capital, Ciudad de Guatemala, con frecuencia se ubica entre las 10 primeras en varios listados de las urbes más peligrosas del mundo.