Tokyo. Cuatro balleneros japoneses partieron ayer hacia el noroeste del océano Pacífico para capturar 160 ballenas de tres especies distintas con fines de investigación, informó la Agencia nipona de Pesca.
La salida de los barcos de las localidades de Innoshima, Shiogama y Shimonoseki, esta última ciudad acogerá la Asamblea de la Comisión Ballenera Internacional en el 2002, se produce después de que Estados Unidos haya amenazado a Japón con imponer sanciones comerciales si expande sus programas de investigación en los que se emplean métodos letales.
La carne de las ballenas capturadas por Japón es vendida una vez que se completan los estudios, como autoriza el artículo VIII de la Convención Ballenera Internacional, de 1946.
Este año, por primera vez, Tokio ha decidido ampliar su programa al añadir a las habituales capturas de la especie minke ( Acutorostrata de Balaenoptera) dos más: la ballena de Bryde o tropical (Edeni Baslaenoptera ), que llevan trece años sin cazarse, y los cachalotes (Macrocephalus Physetter).
Sin pena
La expansión del programa es unilateral y se produce después de que en la última Asamblea General de la Comisión Ballenera Internacional (CBI), celebrada en Adelaida (Australia) a principios de julio, diez países la rechazaran.
Según la Agencia japonesa de Pesca, los resultados de la investigación permitirán conocer a fondo el hábitat en que se desenvuelven los cetáceos, cómo se alimentan, sus rutas migratorias y de qué manera les afecta la contaminación marina.
El pasado junio el presidente de EE. UU., Bill Clinton, y el primer ministro británico, Tony Blair, enviaron dos cartas al primer ministro nipón, Yoshiro Mori, en las que le manifestaron su abierta oposición a la ampliación de los programas "científicos", que se han realizado sin interrupción desde 1987 pese a la existencia de una moratoria contra la caza comercial de cetáceos desde 1986.