El presidente de Guatemala, Óscar Berger, reconoció ayer las debilidades de su gobierno para frenar los altos índices de violencia, que en el primer semestre dejaron más de 970 muertos, incluidas 250 mujeres.
“No creí que fuera tan grave (la situación de violencia). Al asumir la presidencia (el pasado 14 de enero) nos dimos cuenta que no teníamos los recursos, tuvimos que pelear por ellos. Ahora tenemos un panorama distinto. En los próximos seis meses podremos hacer un análisis respecto a si avanzamos o no”, dijo Berger en una entrevista con la prensa de su país.
“La verdad es que he sido más bombero que presidente, nos ha tocado apagar más fuegos y estar deteniendo que se expandan los males de este país. Nos ha tocado únicamente cerrar cicatrices, atar venas y evitar que se siga con el desangramiento en todo, en especial, la corrupción en los cuerpos de seguridad”, se lamentó.
En lo que va del año más de 200 policías fueron dados de baja luego de que se les comprobaran nexos con el crimen organizado.
Preocupación
“Estamos muy preocupados por el tema de la violencia. Se han registrado en el país 250.000 mareros o jóvenes que integran pandillas. Sin ser derrotista, les puedo decir que es muy difícil controlar el tema seguridad”, reconoció.
El gobernante afirmó que un “país sin seguridad es un país que no es interesante para la inversión, y produce una cadena de consecuencias que no favorecen a la población”.
“Es muy difícil medir los resultados. Es un problema que no se puede resolver de la noche a la mañana. Yo nunca dije que en seis meses ya no iban a ver delincuencia en Guatemala”, afirmó.
“Seis meses es muy poco tiempo para exigir resultados, pero dejaremos los cimientos para un mejor país. Tal vez cosechemos un poco, pero todos nuestros esfuerzos son para la próximas generaciones”, aseveró.
Eso sí, Berger anunció ayer que aplicará mano dura contra los mareros que “matan de manera salvaje”.
“Hay una degradación moral trágica”, dijo Berger en referencia a una joven mujer que fue encontrada el lunes descuartizada en un paraje del oeste del país.
A la joven, según la prensa local, presuntos pandilleros le sacaron los ojos, le quitaron un brazo y una mano, le cercenaron los senos y le sacaron el corazón.