
El atentado fue atribuido a al-Qaeda por un jefe tribal. Este atentado podría debilitar aún más el alto el fuego acordado hace nueve meses entre el poder central y los rebeldes chiitas zaidíes del norte, que había puesto fin a un ciclo de seis meses de violencias.
El atentado ocurrió cuando los zaidíes se disponían a celebrar la fiesta de al-Ghadir, que conmemora el día en que Alí, primer imán de los chiitas y yerno del profeta Mahoma, fue designado como sucesor de este.
Los fieles se habían reunido en al-Jawf, fronteriza con la provincia de Amran, otro bastión zaidí, llamado huthia, en referencia a su jefe Abdel Malak al-Huthi.
El portavoz de los rebeldes indicó que se trataría de un atentado suicida, pero rechazó acusar a alguien. Por el contrario, un jefe tribal de la provincia de al- Jawf acusó a al-Qaeda, organización antichiita, de ser responsable del atentado.
La provincia de al-Jawf está situada al este de la de Sadá, lugar que ha visto aumentar la tensión.
El martes, el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (Acnur) manifestó su inquietud por la escalada alarmante de los combates en el norte del Yemen, cerca de la frontera con Arabia Saudí.
“Al menos 20 personas murieron y otras resultaron heridas en los últimos diez días en las peores violencias al norte de Yemen desde la firma de un acuerdo en febrero del 2010”, declaró un portavoz del Acnur, Andrej Mahecic.
El alto el fuego fue firmado después de un deterioro de la situación en la frontera con Arabia Saudí que hizo temer el estallido de un conflicto regional.
Yemen está afrontando amenazas crecientes de al-Qaeda en la Península arábiga (AQPA), rama saudí-yemení de la red de Osama bin-Laden, responsable de varios atentados mortíferos en el país.