Montrose, California, EE.UU (AP). Antes de vestir el traje de Santa Claus que confundió a su primera víctima, Bruce Pardo pasó meses planeando su masacre navideña oculto tras una máscara de afabilidad que engañó a sus vecinos, su abogado y la ex esposa que mató junto a ocho de sus familiares.
A mediados de año, Pardo estaba comprando armas y municiones y ordenando suministros para construir un aparato con el fin de incendiar la casa de sus ex suegros. A principios del otoño, el ingeniero eléctrico desempleado compró un traje de Santa Claus (también conocido como San Nicolás, Papá Noel o Viejo Pascuero) extra grande diseñado para él.
Para diciembre _cuando el divorcio fue formalizado_ Pardo dio los toques finales a su horroroso plan alquilando dos automóviles para escapar y comprando un boleto de avión para Illinois.
Aún así, de acuerdo a testigos, el hombre de 45 años vivió su vida durante esos seis meses como si nada diferente estuviese ocurriendo. Su abogado de divorcios dijo que siempre se mostró animado e incluso el abogado de su esposa dijo que Pardo se comportó de forma cortés durante todo el proceso de nueve meses.
El estuvo planeando eso durante meses, dijo Henry Baeza, dueño de Montrose Home Bakery, donde Pardo cenó el día de la masacre. Y los otros 45 años fue un hombre totalmente normal. No tiene sentido.
En julio, Pardo comenzó a comprar armas y centenares de municiones de alto calibre, y empezó a fabricar un aparato para rociar combustible altamente inflamable en la casa de sus suegros, dijo la policía.
En aquel entonces, Pardo había perdido su salario de seis cifras como empleado del ITT Electronic Systems Radar Systems en Van Nuys y estaba buscando trabajo desesperadamente. A su esposa, que había solicitado el divorcio y se había mudado con su hermana y su cuñado, le fue concedido recibir una manutención, y las deudas de Pardo se estaban acumulando.
En septiembre ordenó un traje de Papá Noel extra grande por 300 dólares para poder ocultar las armas que usaría en la masacre.
El 24 de diciembre, Baeza, el dueño del café, charló con Pardo cuando éste lo visitó para tomar su usual pastel de frambuesas.
Baeza dice que Pardo se despidió amigablemente, diciendo Adiós y Feliz Navidad para tí y tu familia.
Aproximadamente a las 11:30 de la noche, Pardo se acercó a la casa de sus suegros en Covina y tocó a la puerta. Llevaba cuatro armas de fuego y su aparato para rociar combustible, disfrazado como regalo.
Una niñita contenta por ver a Santa Claus abrió la puerta y Pardo le disparó en el rostro, hiriéndola. Entró a la casa y comenzó a disparar, al principio indiscriminadamente y luego a los familiares de su ex esposa.
Cuando concluyó todo, la ex esposa de Pardo, los padres de ésta, dos hermanos y sus esposas y el hijo de 17 años de su hermana estaban muertos, nueve de los 25 participantes en la fiesta navideña.
La policía piensa que Pardo tuvo que parar su masacre cuando el combustible que llevaba se encendió accidentalmente, desatando un incendio en la casa. Pardo sufrió quemaduras de tercer grado, pero pudo de escapar en el auto a casa de su hermano, donde se suicidó.