Roma. DPA. El asesinato de Francesco Fortugno, un dirigente izquierdista de una pequeña localidad de Calabria (sur de Italia), el domingo, aún conmociona a Italia.
Rara vez la mafia golpea con una precisión tan fría: los asesinos en la localidad calabresa de Locri seguían desde hace tiempo a Fortugno. En medio de la muchedumbre que participaba en unas primarias de la izquierda, los asesinos apretaron cinco veces el gatillo en medio del local electoral. Todo el mundo lo pudo ver.
"El asesinato era un mensaje a los políticos", afirman periódicos italianos. "El mensaje es: ¡no se opongan a la mafia! Toda Italia está conmocionada".
La que ha golpeado es la Ndrangheta, como se llama en Calabria a la mafia. Los que no conocen Italia en temas de mafia quizá solo hayan oído hablar de la Cosa Nostra en Sicilia y la Camorra en Nápoles, ya que Calabria está considerada más bien un refugio de playas.
Sin embargo, detrás de los paisajes idílicos bulle la guerra de la Ndrangheta: Cada vez más políticos son presionados y reciben amenazas de muerte. Se trata de dominar la región y el método más apreciado para ello es la intimidación, como, por ejemplo, hacer volar los vehículos de los políticos.
El ministro del Interior italiano, Giuseppe Pisanu, reconoce abiertamente que la situación es crítica.
Los políticos en el poder son impotentes. El alcalde de Casignana, Rocco Mustaca, creía que iba a poder cambiar algo cuando fue elegido hace años. Pero "somos nosotros los que cambiamos", dijo.