El vicepresidente demócrata Al Gore, en plena campaña electoral, hizo una apuesta arriesgada al distanciarse de la Casa Blanca en el espinoso caso Elián, un gesto calificado por muchos de puro oportunismo político destinado a ganar votos en Florida.
Gore provocó estupor entre las filas demócratas tras anunciar su apoyo el jueves a un proyecto de ley de senadores republicanos para otorgar un estatuto de residente permanente al niño cubano y a sus familiares residentes en Cuba.
El imprevisible curso que puede tomar la polémica sobre Elián en Miami, donde la comunidad cubana amenaza con manifestaciones masivas para impedir la partida del niño, así como recientes roces entre el poder federal y el local en torno al caso, colocaron a la Casa Blanca en una posición delicada.
La iniciativa de Gore, con un pie en su despacho de vicepresidente y otro en la campaña electoral, complica aún más las cosas al gobierno Clinton.
El niño, cuya madre divorciada murió ahogada intentando llegar a Estados Unidos en noviembre, vive actualmente en Miami, en casa de su tío abuelo Lázaro González, que se opone al regreso de Elián a Cuba, donde vive su padre.
El equipo de campaña de Al Gore negó que la posición adoptada por Gore sea un cálculo político. "Para Al Gore, no se trata de política. Quiere simplemente asegurarse de que la decisión (judicial) que se tome sea la mejor para los intereses del niño", dijo uno de sus portavoces, Alejandro Cabrera.
Explicó que el estatuto de residente temporal aportaría a Elián y su familia "una protección adicional" a la espera de la decisión de los tribunales sobre la custodia del niño. Cabrera afirmó además que la posición de Gore sobre Elián "no es nueva".
El Times dijo que Gore realiza "una maniobra puramente política" para ganar.