La alcaldía de Santa Tecla decretó desde la noche del martes un estado de emergencia en toda la ciudad tras la llegada de la época lluviosa que ya provocó estragos.
Santa Tecla, ubicada a 12 kilómetros al oeste de la capital salvadoreña, fue una de las ciudades más golpeadas por el terremoto del 13 de enero de este año, y que hoy vive bajo la amenaza de nuevas tragedias.
En aquella ocasión, el sismo de 7,6 grados en la escala de Ritcher provocó desprendimientos de tierra en la Cordillera del Bálsamo, que cruza a Santa Tecla.
Según reportes oficiales, el deslave sepultó unas 300 casas y más de 1.000 personas perdieron la vida.
Paralelamente, la alcaldía de San Salvador anunció que necesita $80 millones para sustituir el obsoleto y destruido sistema de drenajes de la capital.
Esto por cuanto las lluvias del fin de semana anterior provocaron inundaciones que dejaron dos muertos y un desaparecido, informó ayer el alcalde Héctor Silva.
"La alcaldía de San Salvador ha expresado en repetidas ocasiones que el sistema de drenaje ha colapsado, la ciudad cambió y necesita renovarse", declaró a la prensa Silva.
Peligro latente
Las primeras lluvias provocaron deslaves en la Cordillera del Bálsamo, lo cual alertó a los funcionarios de la alcaldía local.
En una acción conjunta, los militares y miembros de la alcaldía colocaron sacos con arena en las proximidades de la cordillera con el fin de mitigar eventuales deslizamientos de tierra.
Según expertos en temas ambientales, debido a los daños provocados por los terremotos, las lluvias podrían causar más estragos que los producidos en años anteriores.