El alcoholismo no solo es una enfermedad, sino que guarda una profunda relación con la herencia genética, según varios estudios realizados en Estados Unidos que identifican los cromosomas 4, 7 y 11 como algunos de los causantes.
Solo en Estados Unidos, cerca de 14 millones de personas padecen esta enfermedad y, de ellos, más de un 40 por ciento tienen algún familiar que ha sufrido alguno de los desórdenes relacionados con el alcohol.
Un grupo de estudios sociológicos y neurológicos, amparados por el Instituto Nacional para el Abuso del Alcohol y el Alcoholismo, NIAAA (sus siglas en inglés), sugiere que los vínculos de la enfermedad y la herencia genética son evidentes.
Los estudios, algunos de los cuales han sido realizados con hermanos gemelos adoptados y, por tanto, alejados de la influencia de la familia de origen, reflejan que la propensión al alcoholismo existe, pese a que el entorno varíe sustancialmente.
El alcoholismo, concluyen, es una compleja enfermedad con influencias sociales y medio ambientales, en la que se han identificado los genes que incrementan el riesgo de padecerla y se han identificado los receptores de "dopamina" o "serotonina" como el punto neurálgico del sistema nervioso en el que se fragua el hábito del alcohol.
Uno de estos estudios, el realizado de modo conjunto por los departamentos de Psiquiatría de seis universidades de Estados Unidos, indica que, en el caso de parientes consanguíneos de alcohólicos, se ha observado un riesgo entre 3 y 8 veces mayor de padecer la misma enfermedad.
El mismo estudio indica que, en el caso de hermanos gemelos, las posibilidades de desarrollar este mal son un 50 o un 60 por ciento superiores a la media.
Al margen de los estudios, el NIAAA recuerda que el alcoholismo provoca cirrosis, la novena causa de mortalidad en EE. UU., y el Síndrome de Alcoholismo Fetal, que en Occidente supone la principal causa de defectos en recién nacidos.