Paris. Agua en estado cristalino y hielos de amoniaco cubren gran parte de la superficie de Charón, satélite de Plutón, anunciaron dos científicos norteamericanos en el último número de la revista Science, fechado el 7 de enero. Único planeta del sistema solar que no ha recibido todavía la visita de una sonda espacial, Plutón sigue siendo poco conocido cincuenta años después de haber sido descubierto, al igual que Charón que, por su parte, fue detectado solamente en 1979. Plutón y Charón serían objetos de la Cintura de Kuiper, conjunto de asteroides y de cometas situados más allá de la órbita de Neptuno, de la que ya han podido identificarse un centener de componentes. No obstante, los dos cuerpos no son idénticos. En 1987-88, Charón pudo ser observado desde la Tierra y, en los espectros obtenidos entonces, los científicos detectaron la presencia de agua, lo que en la época causó sorpresa dado que Plutón, pese a estar muy próximo, tiene una superficie de metano, de monóxido de carbono y de nitrógeno helados. Charón pudo ser estudiado nuevamente el año pasado, en particular por Michel Brown, del Instituto de Tecnología de California (CALTECH) en Pasadena, y Wendy Calvin, de la Universidad de Nevada en Reno, con el telescopio Keck de Mauna Kea (Hawai). Líquido espacial Como era de esperar, el espectro de Charón reveló la presencia de agua en estado cristalino. Y, dada la temperatura que reina en la superficie del satélite (unos 220 grados C bajo cero), el agua cristalizada, bajo la influencia de la radiación solar, pasa al estado amorfo, es decir en forma de moléculas que no están dispuestas de manera regular. La presencia de agua en estado cristalino se debe probablemente a un bombardeo continuo de micrometeoritos en la superficie de Charón, lo que provoca una vaporización de su hielo seguida de una recondensación en agua en estado cristalino. Otra sorpresa aportada por esta investigación es que, además del agua, los científicos detectaron la presencia de amoniaco. Estas moléculas son normalmente destruidas por los elementos volátiles presentes en todo el sistema solar, como el dióxido de carbono, o por los rayos ultravioletas. La presencia de hielos de agua y de amoniaco había sido ya avanzada como hipótesis para explicar las estructuras observadas en la superficie de muchos satélites sumamente fríos. Esta detección en Charón confirma esta hipótesis y permite deducir al mismo tiempo que esos hielos podrían haber desempeñado un papel importante en la actividad geológica de los cuerpos celestes helados de los confines del sistema solar.