La República Democrática del Congo arrastra una guerra civil desde 1977 que ha dejado 3,5 millones de muertos; los empobrecidos estados de Etiopía y Eritrea llevan décadas en estado de guerra fronteriza; y un conflicto étnico en la región sudanesa de Darfur ha causado matanzas masivas de civiles y un millón de desplazados.
Bienvenidos a África, un continente azotado por guerras, enfermedades y miseria ante la mirada indiferente del mundo.
“En los últimos años ha habido más de 9,5 millones de refugiados y cientos de miles de personas han sido asesinadas. Si este nivel de destrucción y combates fuera en Europa, lo llamaríamos la tercera guerra mundial y el mundo entero acudiría a ayudar, mediar o tratar de frenar la situación”, comentó el analista Anup Shah, un experto en geopolítica.
La ONU tiene 11 misiones de paz en el Continente Negro, establecidas para vigilar treguas y resguardar a los civiles, pero observadores consideran que tienen poco respaldo internacional y apenas pueden cumplir con sus funciones.
La huella colonial
Aunque muchas veces las disputas tienen origen interno, hay una influencia inevitable del pasado colonial.
“En casi todos los conflictos hay un tema subyacente: el legado del colonialismo y el comercio de esclavos”, explicó Bill Fletcher, director de la organización Transáfrica, en Washington.
Las potencias coloniales europeas, que en su mayoría concedieron la independencia a los países africanos en las décadas de 1960 y 70, trazaron líneas fronterizas acorde con sus intereses, sin considerar las implicaciones para los grupos étnicos del continente.
El ejemplo clásico, comentó Fletcher, es el de Níger y Nigeria.
La frontera entre ambos países fue trazada para preservar la presencia colonial francesa en Níger y la inglesa en Nigeria, aún cuando la línea divisoria creó una barrera artificial entre la etnia de los Hausa.
Según Shah, desde 1980 ha habido conflictos en 28 países africanos que el analista atribuyó, en lo interno, a la corrupción política, irrespeto al imperio de la ley y abusos de los derechos humanos.
Pero también destacó el legado colonial y los términos desiguales de intercambio internacional, que acentúan la miseria.
Los siguientes son algunos de los principales conflictos que golpean al continente africano.
República del Congo
Uno de los países más ricos en recursos naturales de África, con minerales, caucho, marfil y agua potable, ha vivido sucesivas luchas internas con distintas facciones apoyadas por vecinos.
Se independizó en 1960 tras 55 años de colonización belga, que permitió al rey Leopoldo II amasar una enorme fortuna sin poner un pie en África.
Estados Unidos se involucró en el conflicto desde que en 1965 ayudó a derrocar al gobernante independentista Patricio Lumumba, reemplazándolo por Mobuto Sese Seko, quien instauró un régimen corrupto que saqueó el país durante décadas.
Países como Ruanda y Uganda también se involucraron en el conflicto apoyando facciones rebeldes que luchan por el poder, en intentos de beneficiarse de los recursos naturales del país.
Un acuerdo de paz se firmó en 1999, pero las luchas continuaron al punto que el presidente Laurent Kabila fue asesinado en el 2001. Su hijo Joseph fue instaurado en el poder y pidió apoyo internacional para alcanzar la paz.
Sudán
Es el escenario de una catástrofe humanitaria, donde una milicia islámica apoyada por el gobierno es responsable de un genocidio en la remota región occidental de Darfur.
Los grupos islámicos han sido acusados de violar mujeres y asesinar a la población negra de la región para apropiarse de sus tierras y el agua.
Un millón de personas han sido desplazadas y más de 50.000 han muerto en el último año.
Con la riqueza petrolera de Nigeria, su población podría gozar de un elevado nivel de vida. Pero lo contrario ha ocurrido en este país, foco de atención de ambientalistas, defensores de derechos humanos y empresas petroleras del mundo entero.
Una sucesión de gobiernos corruptos se han aliado con transnacionales petroleras para explotar la riqueza del sexto productor mundial de crudo, mientras milicias cristianas y musulmanas se desangran en una lucha por la tierra y los recursos naturales.