
Kiev. EFE Los líderes de Ucrania y Rusia, junto a Bielorrusia, los países más afectados por el accidente en la central nuclear ucraniana de Chernóbil, visitarán hoy la planta con ocasión del 25 aniversario de la mayor catástrofe en la historia de la energía atómica.
“Millones de personas fueron expuestas a la radiación y cientos de miles tuvieron que abandonar sus casas. Las consecuencias de ese accidente aún se sienten en territorio de Ucrania, de Rusia y de otros países”, aseguró ayer el presidente ruso, Dimitri Medvédev.
El dirigente ucraniano Víctor Yanukóvich prometió que la construcción del nuevo sarcófago sobre el cuarto reactor de Chernóbil, averiado el 26 de abril de 1986, terminará en el 2015, lo que garantizará la seguridad ecológica de la zona durante un siglo.
Ucrania y el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD) lograron recaudar la pasada semana 550 millones de euros para el sarcófago y otros programas de desactivación, 190 millones menos de los necesarios.
El primer ministro ucraniano, Nikolái Azárov, aseguró ayer que “renunciar a las tecnologías nucleares es como prohibir los ordenadores”. No obstante, según una encuesta divulgada la pasada semana, casi 70% de los ucranianos es contrario a la construcción de nuevas centrales nucleares y un 39,4 por ciento considera que las actuales son peligrosas.
Por el momento, se desconoce si asistirá al acto de hoy el presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, quien ayer visitó las zonas más castigadas por la nube radiactiva, que afectó más a su país que a la vecina Ucrania.
Pese a que la catástrofe causó la contaminación del 23% del territorio nacional, Lukashenko ha aprobado la construcción de la primera central nuclear del país, que será realizada por Rusia.
La oposición democrática ha convocado para hoy una manifestación de protesta contra esa decisión, pero las autoridades han desautorizado el acto.
Fuentes independientes apuntan que el 70% de agentes tóxicos liberados por Chernóbil fue a parar a Bielorrusia, debido al viento y a que el Ejército soviético bombardeó las nubes tóxicas para evitar que la lluvia radiactiva contaminara el territorio ruso.
La central esparció en 1986 hasta 200 toneladas de material fusible con una radiactividad de 50 millones curios, equivalente a 500 bombas atómicas como Hiroshima, lo que afectó a más de cinco millones de personas, según datos de la Organización Mundial de la Salud.