
Bagdad. AFP. Las fuerzas estadounidenses cerrarán próximamente la siniestra cárcel de Abu Ghraib, pero 20.000 presos permanecerán entre rejas en todo Iraq, en una situación que Amnistía Internacional (AI) califica de arbitraria y propicia para los abusos.
Unos 4.500 detenidos serán trasladados de Abu Ghraib, en el oeste de Bagdad, a otras cárceles ya existentes o que se construirán en próximos meses, informó el Ejército estadounidense.
Más cárceles. Entre los penales considerados se halla el de Camp Cropper, cerca del aeropuerto de la capital iraquí, donde actualmente hay 127 presos "privilegiados", como el exdictador Sadam Husein y sus colaboradores.
Ahí se pondrán en marcha obras para ampliar las instalaciones, a las que Washington destinará $55 millones y estarán terminadas en julio.
Los estadounidenses también prevén construir dos nuevas cárceles: una en Jan Bani Saad, al oeste de Bagdad, y otra en Nasiriya, a 375 kilómetros al sur de la capital, por un monto total de $200 millones y capacidad para albergar entre 6.500 y 7.500 presos.
Actualmente, 8.607 personas están detenidas en el penal de Camp Bucca y 1.318 en el de Fort Suse, en el Curdistán iraquí.
Sin embargo, para Amnistía Internacional el traslado de los prisioneros de Abu Ghraib solo es "un remiendo". "El cambio de lugar solo tapa el problema esencial: la incapacidad de proteger a los presos de una detención arbitraria e indefinida", señaló William F. Schulz, director de AI en Estados Unidos.
Cambio de forma. Según explicó, "más que ser traslados a mejores cárceles, los presos de la Fuerza Multinacional deberían beneficiarse de un sistema judicial más eficaz", en donde puedan "saber los cargos que pesan en su contra".
Una comisión conjunta estadounidense-iraquí examinó desde agosto del 2004 los casos de 29.500 presos, de los cuales ha puesto en libertad a 15.300.
La prisión de Abu Ghraib trae tristes recuerdos del régimen de Husein, pues allí fueron ejecutados al menos 4.000 presos.
Por eso, las tropas estadounidenses la rebautizaron "Centro Correccional de Bagdad", tras la caída del exdictador en el 2003.
Un año después se convirtió en símbolo de la invasión estadounidense, tras la revelación de los abusos infligidos a los presos por militares norteamericanos.