Los amantes de perros, gatos y otras mascotas domésticas están pendientes del experimento de clonación de Missy, una mestiza de collie y husky que de tener éxito abrirá la puerta a disfrutar de por vida de esos animales.
El dueño de Missy, de 12 años de edad, es un multimillonario de Texas, cuyo nombre no se ha publicado, que aportó en 1998 $2,3 millones para que los científicos clonaran a la perra.
Y en ello trabajan ahora los científicos de Preservación y Clonización Genética de College Station, un proyecto veterinario de la Universidad A&M de Texas, que mantiene al público informado puntualmente sobre Missy en una página de Internet bautizada como Missyplicity.
El proyecto no se limita a Missy, y el equipo empezó a recolectar y congelar muestras de tejidos de mascotas viejas o enfermas cuyos dueños pagan de $1.000 a $2.500 por la esperanza de que algún día se pueda replicar sus animales queridos.
La idea es un tanto paradójica en un país donde ya hay casi 59 millones de gatos y 53 millones de perros, y donde cada año las sociedades protectoras de animales, albergues para perros y perreras municipales deben matar más de 50 millones de perros callejeros, abandonados, enfermos o viejos.
La recolección y conservación de los tejidos no es más que el comienzo del proceso que pueda llevar a la clonación. El banco de genes en la universidad de Texas (www.savingsandclone.com) da instrucciones precisas sobre esta etapa, y calcula que la réplica de un perro costaría hasta $200.000.
La Asociación Estadounidense de Fabricantes de Productos para Mascotas calcula que en Estados Unidos se gastaron $1.999 millones en 1996 en servicios como acupuntura, seguro médico, terapia aromática, vestimentas, alimentos orgánicos o entrenamiento.