Kabul. Reuters y EFE Siete de ocho civiles muertos en un atentado suicida contra una base militar extranjera en Afganistán, el miércoles, eran agentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), confirmó la agencia.
El ataque a la base militar es uno de los más ambiciosos de la guerra, destacando el alcance y coordinación de la insurgencia, en momentos en que la violencia ha alcanzado sus niveles más altos desde el derrocamiento del régimen talibán por parte de fuerzas afganas apoyadas por Estados Unidos en el 2001.
La insurgencia talibán, que se atribuyó el atentado, señaló que el atacante era un simpatizante dentro del Ejército afgano, pero el Ministerio de Defensa del país declaró que ningún soldado afgano estuvo involucrado en el ataque o ubicado en el lugar, al sudeste de la provincia de Khost.
Funcionarios estadounidenses confirmaron que sus conciudadanos muertos eran agentes de la CIA, pero no quisieron hacer declaraciones respecto a la nacionalidad o posición del atacante. Fuerzas guiadas por la OTAN dijeron que la base no estaba bajo su control.
De cualquier manera, la explosión arroja sombras sobre los planes occidentales de impulsar la policía y Ejército afgano, a fin de hacer entrega de la seguridad y llevar a sus tropas de vuelta a casa.
Si un oficial del Ejército afgano se volvió en contra de las tropas extranjeras y de los oficiales que debían entrenarlo y acompañarlo, tras una serie de incidentes similares, el hecho acarrearía serias dudas sobre confianza y lealtad.
Si el atacante no era un soldado afgano de visita o ubicado en la Base de Operaciones Avanzadas Chapman, entonces las preocupaciones estadounidenses sobre los controles de seguridad serán inclusive más graves, luego de un año que ha sido el más mortal para las tropas extranjeras en los ocho años de guerra.
Más tropas y dinero. El presidente estadounidense, Barack Obama, enviará 30.000 tropas adicionales para combatir la creciente violencia, y los aliados de la OTAN contribuirán con cientos más.
Un oficial militar afgano dijo esta semana que Washington prometió 16.000 millones de dólares para entrenar al Ejército y Fuerza Aérea de Afganistán.
La CIA también ha expandido su presencia en el país, intensificando los ataques contra los militantes talibanes y de al-Qaeda a lo largo de la frontera entre Afganistán y Pakistán, aunque su rol ha sido criticado por grupos de derechos humanos y afganos.
El lugar donde ocurrió el ataque suicida está cerca de la frontera con Pakistán, en una de las áreas donde la insurgencia talibán es más fuerte. El jueves, la seguridad en la región fue reforzada.
Paralelamente, el presidente Hamid Karzai exigió la entrega de los responsables extranjeros de un bombardeo que mató a 10 civiles el fin de semana.
El jefe de la misión de la ONU en Afganistán, Kai Eide, confirmó la muerte de diez civiles durante un asalto nocturno de las fuerzas extranjeras y afganas el fin de semana, pero no precisó más.
Según las “investigaciones iniciales” de su organismo, ocho estudiantes perdieron la vida durante el ataque, aunque “muchos detalles del suceso siguen siendo confusos”, aseguró.
Una delegación nombrada por Karzai para investigar los hechos, concluyó que las fuerzas extranjeras “sacaron de tres casas a diez civiles”, ocho de ellos escolares, y los mataron a disparos, algo que Eide no confirmó.
El diplomático noruego se limitó a señalar que “hay pruebas que indican que había insurgentes” en el municipio de Ghazi Khan, situado en la provincia oriental de Kunar, donde se registró la ofensiva.
Eide expresó su “preocupación” por las redadas nocturnas que efectúan las tropas internacionales –a menudo fuerzas de élite–, debido a los “resultados letales” que tienen en la población civil. La OTAN confirmó la operación del domingo, pero aseguró que los soldados fueron recibidos con fuego.