El conteo de víctimas por el terremoto que sacudió el martes a la ciudad de Alhucemas, en el noreste de Marruecos, llegó ayer a 564 muertos y más de 300 heridos, según indicaron organismos de socorro.
Asociaciones civiles achacaron a la “permisividad” en la concesión de permisos de construcción el saldo del sismo de 6,3 grados en la escala de Richter.
Omar Mussa Abdalá, miembro de una asociación regional para el desarrollo económico y social, opinó que no se utilizó la experiencia del último terremoto que golpeó a la región el 26 de mayo de 1994.
Ese sismo, de baja intensidad, causó “solo” seis muertos, pero permitió a la comunidad científica dar la voz de alarma y exigir a las autoridades que crearan un reglamento de construcción parasísmica conforme a los riesgos conocidos.
No se respetó
“Las viejas casas campesinas de adobe no pueden resistir al choque pero muchas construcciones recientes tampoco, porque no respetan las normas”, afirmó.
Un médico del servicio de Protección Civil, Mohamed el Allam, coincide en que “la mala calidad de la construcción” es la causa principal del hundimiento de algunos edificios.
“Incluso si algunos edificios aún se sostienen, están tan agrietados que no son habitables”, afirmó.
Citó la ley de 1994 que imponía “teóricamente” normas antisísmicas y que no se respeta. “Los edificios que siguen en pie pese a la fuerte sacudida son los únicos construidos en conformidad con la normativa”, agregó.
En un editorial, el diario financiero L’Economiste denuncia, por su parte, “la vulnerabilidad sísmica, consecuencia de la permisividad manifiesta y de la ligereza” con la que “se autorizan algunas obras”.